martes, 30 de octubre de 2012

Un acto de legítima defensa.

Imagen de la película "Los tramposos"
Pícaros. Esa es la imagen que muchos ciudadanos del norte de Europa y, sobre todo, las élites financieras y económicas, tienen de los países del Sur. También es la imagen que de nosotros y hacia nosotros difunden desde todos los foros ultraliberales así que: ¡Cuidado! Ahí se esconde un peligro.

Es una imágen con la que, a lo mejor, estamos de  acuerdo. En parte nos gusta vernos como pícaros. A menudo nos gusta pensar de nosotros mismos, individual y colectivamente, que somos más listos que el hambre. Que somos pícaros en el sentido de que pillamos las intenciones de los otros, que si nos quieren engañar les engañamos nosotros primero.

Pero claro. Hay muchos tipos de pícaro y los dirigentes del mundo están extendiendo una imagen de nosotros de pícaro aprovechado Por eso esta entrada comienza con esta imagen de Tony Leblanc en la película "Los tramposos" en pleno timo de la estampita. Un timo que se aprovecha de la avaricia y los escasos escrúpulos de las personas dispuestas a aprovecharse de un discapacitado.

Esa es la imagen que se explota de cómo hemos vivido hasta ahora. Somos unos pícaros, nos hemos aprovechado de las circunstancias, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora tenemos que pagarlo.

Al amparo de esta y otras imágenes similares que vengo recogiendo en este blog se está procediendo al absoluto desplome de nuestro modelo social, de nuestra convivencia y de nuestra conciencia cívica, especialmente gracias al miedo, al que también he dedicado espacios.

En este contexto participar en la huelga general del próximo 14-N es un acto de legítima defensa. Un acto para combatir el miedo propio y ajeno. Una forma de explicitar que aquí los únicos pícaros son los que nos están robando la cartera delante de nuestros morros.

Sin embargo, en los últimos años cada vez que las organizaciones sindicales convocan una huelga general se viene produciendo una importante reacción contraria a la convocatoria. Una reacción en la que participan también, muy a menudo, personas de convicciones progresistas que acaban aceptando algunos argumentos que sólo favorecen a los diferentes poderes establecidos. De esta manera escucho entre personas a las que aprecio estos mismos argumentos, a veces con resignación, otras con convicción. Digamos que estas reflexiones me han obligado a darle vueltas a la cabeza y a los argumentos.

Creo que de alguna manera lo que se está produciendo es un proceso de desprestigio de la movilización, en realidad de todas las movilizaciones, un desprestigio que alcanza, al menos, a los convocantes, a los objetivos, a la herramienta en sí y al momento escogido. Analicemos uno a uno.

Desprestigio del momento: Siempre que se convoca una huelga, especialmente si es general, se alega que no es el momento. Ahora no es el momento es una de las frases favoritas de los antihuelga. En la anterior que era demasiado pronto, el gobierno acababa de comenzar a gobernar, en la de Zapatero que era demasiado tarde, que se tendría que haber convocado antes. En esta que con la que está cayendo no es oportuno para el país, que damos una imagen negativa.

Es cierto. A los que no están por la huelga es lógico que nunca les venga bien una movilización de esta dimensión. Es como cuando no quieres quedar con un@ novi@ de la que te quieres ir deshaciendo. Es demasiado fuerte decirle que quieres dejarl@ y buscar justificar que la culpa la tiene el otr@ que es un inoportuno.

Cartel de la convocatoria de la CES
Pero a lo que vamos ¿Realmente no es este el momento? Pues desde mi punto de vista si ahora no ¿Cuando? Nuestra imagen exterior, por otro lado, no puede estar más deteriorada y lo cierto es que me da la sensación de que la culpa de la misma no la tienen las organizaciones sindicales, vamos que algo tendrán que ver bancos, gobiernos, empresas, defraudadores, especuladores ...

La ventaja de la huelga del 14-N con respecto al momento es que está coordinada en una jornada de lucha europea y que la vamos a secundar los países del sur de Europa, con algunas huelgas parciales en otros países europeos y movilizaciones generales en todos ellos, bajo la misma consigna, con los mismos objetivos. Para mí este es un argumento sólido. El sujeto de la transformación debe ir europeizándose. No nos gobiernan desde Madrid, nuestro sujeto de acción debe ser europeo.

Desprestigio de la herramienta: Este argumento es algo más sólido, al menos desde mi punto de vista. Las frases favoritas que se vienen a utilizar pueden ser seguramente estas dos: "No sirve para nada". "Sólo favorece a los empresarios y administraciones y sólo perjudica a los trabajadores". Seguramente es cierto que la huelga, como herramienta, ha conocido momentos mejores, pero quizá más como consecuencia de nuestra desafección colectiva a la herramienta. Si pensamos detenidamente las manifestaciones más importantes de los últimos años se han realizado como finalización de una huelga general. Una simple convocatoria de manifestación no acaba de arrancar a la gente a la calle.

La huelga la convoca la cumbre social
Ha habido huelgas exitosas que han cambiado las cosas. Pero lo más importante, en una huelga estamos midiendo las fuerzas, estamos expresando nuestra capacidad de oponernos, nuestro descontento, no sólamente hacia el gobierno, también ante los posibles agentes de cambio. Le estamos diciendo al expectro político cual es nuestra postura, la capacidad de nuestra reacción.

Las mayores transformaciones sociales a favor de la mayoría siempre han tenido que venir acompañadas de movilizaciones sociales, huelgas, campañas de desobediencia civil. En esos procesos se construye el sujeto colectivo del cambio y, sinceramente, creo que es eso lo que necesitamos. Necesitamos construir un nuevo sujeto colectivo y esta es una herramienta poderosa para conseguirlo, nos falta camino por delante, pero este debe ser un paso importante. Saber que somos, quienes somos y que no estamos dispuestos a seguir tragando más. Si no hay sujeto colectivo que se oponga los privilegiados y las corporaciones seguirán campando a sus anchas.

Por eso esta huelga se propone con un contenido distinto. Se convoca como una huelga ciudadana, que debe ira más allá de la huelga laboral. La convoca la cumbre social, y la convoca también para el consumo, para el uso de los servicios, para la actividad cotidiana. Toda la actividad del día debería verse afectada. En este tipo de movilización no participan sólo los trabajadores, también lo hacen los pensionistas, los parados, los estudiantes...

Desprestigio de los convocantes: Ya me he referido a esta realidad en varias entradas, especialmente ne la referida a la máquina del fango (para leer pulsar aquí) Durante los últimos años se ha asistido a un linchamiento mediático y social de las organizaciones sindicales. Es seguro que han cometido errores, ¿quien no los comete? Pero ¿Os imagináis como sería nuestra vida sin organizaciones sindicales? ¿Os imagináis los derechos que no tendríamos?

Por otro lado se acusa a estas organizaciones de su liderazgo. ¿Quien podría sustituirlos hoy en España? Los sindicatos son organizaciones democráticas. Si no nos gusta su forma de funcionar trabajar para cambiarlos es fácil. Lo digo por experiencia. Es mucho más fácil participar en una organización sindical que en muchas otras organizaciones. Trabajo no falta, y trabajo con mucha responsabilidad. Si algo no nos gusta podemos hacer algo para cambiarlo. ¿No es demasiado cómodo criticar desde la silla?

Por otro lado, ¿Cual es el enemigo? ¿Quien nuestro aliado? Muchas personas lo tienen claro. Desde el mundo de la cultura apoyan y convocan. Aquí os dejo el video.



Desprestigio del objetivo: La frase favorita es esta: "Es una huelga política". Pues no lo se, pero me da la sensación de que el hecho de que se carguen los derechos laborales es una actuación política, el hecho de que se rebaje el sueldo de los funcionarios es una actuación política, la eliminación de muchas prestaciones y servicios en la salud, la educación y los servicios sociales son actuaciones políticas. Lógicamente moverse para defenderse de estos ataques es una actuación política. Estamos en medio de un conflicto de intereses. Por un lado estamos el 99%, por el otro el 1% de privilegiados y las grandes corporaciones. Ese conflicto es sencillamente político. Sencillamente nos estamos defendiendo. Estamos realizando un acto de legítima defensa, y defenderse en un conflicto de intereses de grupos sociales es siempre un acto político.

Esta huelga es también para defender el Sistema de Servicios Sociales, el Estado de Bienestar. Y creo que un blog que quiere reflexionar sobre este tema debe tomar partido. La verdad es que creo que lo tenía fácil.

Los verdaderos pícaros de esta historia, que son los privilegiados y las grandes corporaciones, se están aprovechando, a través de las historietas que nos están contando, para hacernos el timo de la estampita en versión moderna. Una estafa en toda regla, como bien dicen muchos manifestantes en las calles de toda España. Creo que tenemos que ser más listos que el hambre y un poco pícaros para captar que o nos defendemos entre todos o lo tenemos crudo, para entender que lo que está pasando beneficia sólo a unos pocos, muy pocos, para entender que hay alternativas pero no nos dejan expresarlas, verlas y construirlas. Para entender que no nos podemos quedar fuera de esta partida, que tenemos ocasión de mover ficha el día 14 y si tu no la mueves la moverán otros por tí. Jaque mate en tres jugadas.

Si parece que faltan argumentos aquí os dejo 14 razones para decir yo voy. Y después una bellísima canción como propina a esta larga entrada.













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