miércoles, 4 de febrero de 2015

Discurso y relato

Solemos ser de la opinión de que los términos discurso y relato, al igual que historia o narración, tienen un contenido que aplicado al ámbito de la política pueden ser considerados sinónimos. De hecho así los he venido utilizando yo hasta ahora.

Sin embargo hace unas semanas participé en un acto público en el que Pedro Zerolo hizo una excelente intervención en la que, entre otras muchas cosas que me llamaron la atención, destaca una distinción conceptual entre estos términos que me resultó muy atractiva y que he incorporado en mi reflexión. Os adelanto un resumen de la síntesis a la que he llegado.

Discurso tiene que ver con la conceptualización de los grandes valores: libertad, igualdad y fraternidad. Relato sería la articulación de las narrativas concretas que se utilizan en la comunicación política para acercar estos conceptos a la realidad concreta o simplemente para desarrollar la pelea partidista.

La diferencia de discursos, es decir, de interpretación de los grandes valores, es la clave y el centro de la lucha ideológica que se viene produciendo desde la Revolución francesa hasta nuestros días y se ha definido históricamente en el marco de lo que se ha entendido como pelea entre derecha e izquierda. 

Desde mi punto de vista, lo que nos está sucediendo es que desde hace 35 años el discurso predominante, incluso casi podríamos decir el discurso único, es el neoliberal. Para este discurso el único valor de referencia es la libertad y, además, un concepto de libertad muy restringido, concebido desde la perspectiva del individualismo excluyente, entendida desde la metáfora de la carrera competitiva a la que he hecho referencia en múltiples ocasiones en este blog. Desde esta perspectiva el problema de la izquierda durante todos estos años es que no ha sido capaz de reelaborar, explicar y renovar su discurso y, además, en parte por esto pero no exclusivamente, no ha sido capaz de realizar relatos de su proyecto de sociedad comprensibles para la mayor parte de la población que ha llegado a asumir masivamente buena parte de los contenidos conceptuales del neoliberalismo.

El problema es que también a lo largo de estos últimos 35 años se ha venido imponiendo, junto con el neoliberalismo, la post-modernidad filosófica, una corriente de pensamiento que mantiene unos postulados que han resultado especialmente interesantes para el neoliberalismo. La propuesta que más nos interesa destacar ahora es la que habla de que los discursos han muerto, que no tienen sentido, que en todo caso sólo existen lo relatos fragmentarios porque ya no hay un discurso que sirva para explicar toda la realidad. Lo que vale al final es una especie de escepticismo filosófico sobre la capacidad de vivir de acuerdo a discursos sólidos y la preferencia por relatos líquidos.

Creo que buena parte de lo que está sucediendo los últimos años, especialmente con los últimos fenómenos políticos, es que están comenzando a aparecer en algunos países occidentales y específicamente en España, movimientos políticos a los que se podría denominar post-políticos. Buena parte de ellos parten del concepto de que derecha e izquierda ya no existen y, en parte consecuentemente, asumen que ya no hay discurso. Debe reconocerse que buena parte de estos movimientos y partidos políticos, integrando en la elaboración de su comunicación política lo mejor de los últimos avances en neurociencia y ciencias cognitivas, han sido capaces de elaborar relatos exitosos, eslóganes eficaces y símbolos emocionales con un impacto político y electoral muy importante.

Llamadme antiguo, pero las propuestas elaboradas hasta el momento no me convencen, es más, me generan muchísimas dudas. Al renunciar a la pelea derecha-izquierda y a una elaboración alternativa del discurso sobre los grandes valores, algo que va intrínsecamente ligado al menos desde mi punto de vista, se consolida definitivamente el único discurso político y filosófico existente, ese que los  neoliberales han impuesto con gran éxito.

El problema de la post-política es que está centrando su esfuerzo en elaborar buenos relatos sin elaborar un discurso alternativo, en realidad renunciando a hacerlo, e incluso denunciando rla tradicional referencia derecha izquierda. El éxito de los nuevos relatos, muy bien elaborados, puede conllevar el éxito electoral,  pero me temo que el proyecto falla en lo que tiene que ver con la transformación profunda de la realidad, es más, si no va más allá, consolidará el actual status quo estructural, olvidando que la pelea por las estructuras socio-económicas se estructura en torno al eje dentro-fuera y no pudiendo, por dificultad en la propia concepción de la realidad, superar el conflicto que mueve a Occidente desde finales del siglo XVIII. 

Reitero que desde mi punto de vista cualquier discurso alternativo al neoliberalismo tiene que volver a introducir en el debate político los valores de igualdad y fraternidad y, sobre todo, debe volver a recuperar la libertad en su concepción republicana, es decir, como autonomía de las personas, como no dependencia de los deseos de otros, como capacidad de tener la posibilidad, la oportunidad de desarrollar un proyecto de vida singular.

Como vengo manteniendo hace tiempo la pelea es ideológica antes que de ningún otro tipo y mucho me temo que los debates más mediáticos siguen alejados del núcleo del problema.

2 comentarios:

  1. Toda la razón, Joaquín. Sin discurso autónomo, no hay relato autónomo. Sin discurso alternativo, no hay relato alternativo. Aún más, si la gente, los ciudadanos y trabajadores no asumen como propio el discurso alternativo, podrán "comprar" relatos, pero no convertirlos en acciones colectivas transformadoras. Sin personas (trabajadores y ciudadanos/as) en la calle, en la vida, en los trabajos, etc. no hay cambios estructurales. No habrá cambio del status quo.
    Angel

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