jueves, 10 de mayo de 2012

Criminalizar la protesta

No hace demasiado reflexioné sobre la máquina del fango (aquí) sobre la que escribió Roberto Saviano en el libro Vieni vía con me. (Vente conmigo). Un proceso por el que los poderosos se apuntan a meterle miedo a la gente a cuenta de arruinarles la imagen, difundir sospechas, y plantear que "todos son iguales"

Este tipo de comportamientos alentan el populismo, la demagogia y el surgimiento de posturas autoritarias (cuando menos). Si todos son iguales hace falta que venga alguien fuerte que meta en vereda a todos estos barandas y chupópteros. 

Viene todo esto a cuenta de una noticia que he leído en facebook y que es la siguiente: aquí. El diario La Razón arremete contra los que ellos señalan como líderes de la protesta estudiantil. En realidad contra cinco ciudadanos/as que de repente ven en un medio de comunicación nacional su fotografía y un resumen de su curriculum. Se les tilda de agitadores de masas y malos estudiantes. Vamos unos piernas.

No creo que nadie tenga derecho a atacar la imagen de unos ciudadanos por el mero hecho de encabezar unas organizaciones civiles. A airear su curriculum, que no se si se limita a lo publicado. A ser acusados de ser "cercanos al PSOE". No tengo ni idea, pero ¿Es eso un delito? ¿Es el PSOE un partido ilegal, antisistema, subversivo? Se les acusa, a algunos, de haber participado en un acto con el ministro Gabilondo. ¿No se puede debatir? ¿No pueden dialogar en una mesa redonda ministros y representantes de los estudiantes?

El hecho es tan inaudito que ha incendiado twitter, la red y la blogosfera llegando a ocupar espacios incluso en la prensa extranjera a la que ha llamado poderosamente la atención, por ejemplo Le Monde (ver aquí) E incluso a pedir excusas a ING que se anunciaba en la misma página del periódico ante la avalancha de críticas. (ver aquí noticia en El País)

De cualquier manera viene esto a reforzar la impresión que se quiere extender la idea de que protestar contra la autoridad competente se convierte claramente en un problema de orden público. En este sentido retrocedemos unas cuantas décadas. No sólo al franquismo, que por supuesto, si no a los diferentes momentos de represión que el poder (dicho como concepto general) a través de los gobiernos ha utilizado contra los que protestan. En tiempos medievales los "protestantes" iban a la hoguera. Luego la cosa se fue civilizando un poco y acababan con sus huesos en la cárcel, en campos de concentración... Tampoco me quiero pasar por este lado, pero cuando veo que se quiere confundir la protesta violenta (no estoy de acuerdo con ella) por pequeña que sea con kale borroka y terrorismo, y la protesta pacífica en un delito contra el orden público no puedo dejar de acordarme de una larga lista de personas que por luchar por la actual democracia y por los derechos humanos reconocidos universalmente, han debido mantener actitudes de resistencia pacífica a la autoridad.

Recientemente el Presidente Obama (también es verdad que para algunos este señor es un peligroso izquierdista) se hizo una foto en el asiento en el que Rosa Parks desafió a la autoridad. Su delito consistía en sentarse en un asiento reservado para blancos siendo una mujer negra. Rosa Parks no es sólo venerada por el primer presidente negro de la historia de los USA. De hecho en ese país se le dedica un día al año. Lo mismo que sucede con Martin Luther King, uno de los líderes de la lucha no violenta.

Nelson Mandela, auténtico icono universal de nuestro tiempo, era un acusado de terrorismo, encerrado por defender sus ideas durante muchos años, y que ha hecho posible la conciliación de un país con una historia bien complicada. La lista podría ser mucho más larga. Todos ellos grandes profanadores de la paz ciudadana con sus protestas pacíficas. Subversivos que luchaban contra diferentes poderes y, sin embargo, grandes referencias para el conjunto de la humanidad en lo referente a los derechos humanos. Aunque tal vez no tardando mucho veremos también demonizados a estos líderes históricos.

Los poderosos contra los que lucharon, estoy seguro, también tenían y difundieron una imagen negativa de todas estas personas. Vagos, maleantes, incultos, ignorantes, radicales. Si fueran gente de bien no se meterían en líos.

Pero volviendo a los protagonistas de la historia. En primer lugar Decir que no los conozco, ni tengo noticia de ellos, ni se si son buenos o malos ciudadanos. Pero en el ataque que reciben siento minadas mis libertades políticas. Si se les puede atacar a ellos se nos puede atacar a cualquiera por el mero hecho de participar socialmente, por defender tus propias ideas, por protestar si algo no te gusta.

Esta noticia no es una mera anécdota ni un hecho insólito. Forma parte del concepto de paz y convivencia que la derecha extrema (aunque mucho me temo que no sólo) tiene en nuestro país. Por eso el día de la huelga general se vivió un despliegue insólito e innecesario de policía en la calle. En mi centro de trabajo, donde nunca ha habido un conflicto en jornada de huelga, donde nunca se ha hecho ni un piquete, estuvieron toda la jornada dos funcionarios de policía, algo que no había sucedido nunca. Tampoco era normal que hubiera un policía cada pocos metros en todo el recorrido de la manifestación vespertina (tampoco lo recuerdo y he acudido a muchas). Son detalles que se vienen a sumar a las propuestas de modificación del código penal en esta materia.

Sencillamente creo que se trata de un ataque a las libertades de la ciudadanía. Una demonización de la protesta, una de las formas más genuinas de demostración de la pluralidad democrática. Sólo los regímenes totalitarios se sienten incómodos con las protestas pacíficas. Les ponen ante un espejo que les devuelve una imagen de si mismos que no quieren ver. Les manifiesta que no todo el mundo está de acuerdo con su punto de vista. Que sus soluciones no son las únicas posibles. Que deben reflexionar en la parte de razón que tienen los que no piensan igual.

La protesta es una de las manifestaciones de las libertades democráticas. En materia de servicios sociales, al igual que otros sectores que se están manifestando más activos en medio de los recortes, algunos compañeros y compañeras de Madrid han iniciado una campaña que secundo. Los viernes acuden a sus servicios vestidos de negro. De ahí el color negro de la mosca en esta entrada. Creo que no es una mala idea que podríamos extender. En este caso no sólo para protestar por los recortes en servicios sociales o en el Estado de Bienestar, sino para ejercer nuestras libertades democráticas y defenderlas de los ataques que están comenzando a recibir.

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