viernes, 12 de julio de 2013

Divulgación científica. El sello indeleble

No es la primera vez que recomiendo en este blog la lectura de libros provenientes de un ámbito alejado, aparentemente, de los Servicios Sociales y la Política Social. De hecho en la pestaña "Sobre este blog" en la que escribo mi declaración de intenciones reflexiono sobre la importancia de leer cosas distintas. En general estas lecturas, si estás convenientemente atent@, te abren la mirada hacia perspectivas insospechadas.

Cumpliendo con esa auto-propuesta acabo de leer un recomendable libro escrito por Juan Luis Arsuaga y Manuel Martín Loeches  El sello indeleble, Pasado, presente y futuro del ser humano, de la editorial Debate. El libro, que se lee con cierta facilidad, intenta responder, aunque no únicamente, a una de esas preguntas difícles ¿Qué es lo que nos hace específicamente humanos? Las investigaciones realizadas los últimos decenios en muchas áreas científicas se han ido ocupando de poner en solfa muchas de las teóricas especificidades humanas respecto al resto de seres vivos. Por ejemplo se ha podido comprobar cómo otros animales tienen conciencia de sí mismos, son capaces de manejar un mínimo lenguaje, tienen emociones... Las diferencias que nos hacían estar muy orgullosos de nosotros mismos ya no eran tales. ¿Qué es entonces lo que nos diferencia? 

Responder a esa pregunta, aparentemente tan alejada de la política social, obliga sin embargo a realizar reflexiones que pueden iluminar nuestra mirada hacia nuestro propio ámbito de interés. Por ejemplo saber lo que los neodarwinistas científicos opinan sobre nuestro origen y evolución como especie es una curiosa forma de confrontar los asertos ideológicos de los neodarwinistas sociales. Esos que hoy siguen creyendo que lo natural es que el ser humano sea individualista por naturaleza y exclusivamente competititvo. En ese contexto resulta gratificante comprobar las evidencias que demuestran que si somos lo que somos es gracias a nuestra inherente sociabilidad. El ser humano es un ser intrínsecamente social, no puede existir sin sociedad, no podemos ser sin otros. Esa es una de las fuerzas de nuestra adaptabilidad. Sin la comunidad humana no somos nada, no podemos nada.

Una de las características del libro que más me ha gustado es que los dos autores, que seguramente os sonarán por su relación con los yacimientos de Atapuerca, complementan sus ámbitos de estudio desde diferentes perspectivas. Martín-Loeches es psicólogo especialista en neurociencia cognitiva (un área del conocimiento que está alcanzando cada vez más importancia y que en los últimos decenios está ofreciendo impresionantes avances en la forma de entender al ser humano, imprescindibles para enfrentarse al mundo actual con solvencia) y Arsuaga, biólogo y paleantropólogo. que es posiblemente el más mediático. Ambos manifiestan en sus propias carreras como investigadores una impresionante versatilidad en su conocimiento. Siendo grandes especialistas lo son, de y desde ámbitos que buscan la complementariedad de otras áreas del conocimiento. Para saber más de lo suyo su interés se mueve en otras áreas teóricamente alejadas. Y eso se nota mucho en el libro, y eso lo hace muy interesante. Quiero decir que me interesa no sólo lo que dicen, que lo es; sino que su perspectiva es muy amplia, muy diversa. Hace tiempo que tengo la sensación de que necesitamos una especie de nuevo humanismo. Salir de las clásicas diferencias ciencias-letras y aún dentro de estas la hiperespecialización. Para avanzar como personas, como seres pensantes y como profesionales, necesitamos romper las arbitrarias barreras del conocimiento. Dejarnos iluminar por otros. Esa es, posiblemente, una de las características más destacadas del libro: su interdisciplinariedad.

Es un libro muy diverso, largo. Personalmente, supongo que le pasa a todo el mundo, hay partes que me han interesado mucho, en concreto toda la reflexión respecto al lenguaje humano, y otros menos. Pero en todas he encontrado elementos que me han sorprendido y generado preguntas. Algunas muy inquietantes.

En fín, que si quieres añadir a la lista de libros para este verano alguno relacionado con la divulgación científica, este puede ser un buen texto. Y por cierto, aunque se deduce de lo que he escrito no lo he dicho explícitamente. Los que nos dedicamos o nos interesa, poco o mucho, la política social, solemos provenir de ámbitos de lo que se ha venido a llamar letras, a las ciencias humanas. A todos nos conviene un paseo por los textos de la divulgación científica, especialmente a los más mayores, y es que las ciencias avanzan que es una barbaridad, y muchas de las cosas que se nos quedaron de nuestros estudios preuniversitarios, están ya muy, muy desfasadas. Al fín y al cabo nos ocupamos del ser humano en su medio. De eso, del ser humano y del medio en el que vive, se ocupan, desde otra perspectiva, las áreas científicas del conocimiento.

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