jueves, 26 de marzo de 2015

Carta a una amiga

Querida Mariví:
Te escribo sabiendo que el género epistolar está de capa caída y sabiendo, igualmente, que este escrito está destinado más a ser publicado en un blog que a ser metido en un sobre con un sello en su parte delantera. Siento añoranza por esos tiempos en los que la amistad obligaba a demorarse sobre el papel y pensar un rato en los que apreciabas.
Leyendo un libro de una historiadora americana, Lynn Hunt, descubrí que los derechos humanos tenían uno de sus antecedentes causales en el género epistolar. En una carta hay necesariamente un yo y un tú. Sólo el descubrimiento del otro pone en evidencia la fraternidad que nos une en los más profundo.
Te escribo porque contigo me ha pasado una de esas extrañas cosas que sólo pasan de vez en cuando, que trabajando en un proyecto social o político, especialmente esto último, llegas a sentir la amistad por debajo o por encima del proyecto. Espero que otros amig@s, si leen estas líneas, no se sientan celosos porque la cosa no va con ellos.
Quizá el desencadenante de esta carta es que ya no vas a seguir en tu puesto en las Cortes de Aragón. Es cierto que, gracias a todo, estas cosas tienen su caducidad, pero esto no tiene nada que ver con el sentir de los amigos que desearían seguir contando contigo allí.
Mira Mariví, conocerte ha sido en parte como volver a vivir los tiempos felices de la infancia. Me recuerdas mi primer contacto con la montaña aragonesa. Estoy hablando de Rasal, un pequeño pueblecito de la Hoya de Huesca rodeado de montañas, un pueblo que cuando tomas conciencia geográfica de las cosas sabes detrás de esa imponente fachada que se divisa cuando subes desde Zaragoza y alcanzas Huesca capital. Me acuerdo de Rasal porque se que naciste en un pueblo que no conozco pero que imagino parecido y porque se lo mucho que amas tu tierra y tus gentes. Por cierto, me alegro de saber que creo formar parte de ellas. Quizá también me acuerdo de las sensaciones vividas porque al mismo tiempo que me acuerdo de ti y de esos pequeños pueblos y de las gentes que resisten en ellos, me acuerdo de que una de las grandezas de los Servicios Sociales en los que creo es que están al servicio de estas personas a las que aprendí a respetar a la vez que respiraba el aire que ellos amaban.
Se que vas a seguir en la tarea y se que nos vamos a seguir encontrando, pero como la sensación de cierre de etapa va alcanzando su climax sentía que debía encontrar una forma de expresar mi agradecimiento, que se común a muchos otros, por estos años de trabajo en común.
Viniste de fuera del ámbito de los Servicios Sociales pero has vestido la camiseta como si fueras de la partida desde el primer día y eso resulta de agradecer y te diré más, sorprendente, porque es mucho menos común de lo que alguien poco avisado esperaría. No hizo falta convencerte de nada, lo viste claro de un golpe y te has dedicado a ello de una forma que a los que hemos estado cerca nos quedará para siempre en la memoria.
Pero esta no es una carta de despedida. En parte la he escrito precisamente porque no lo es, en buena medida porque los humanos somos de general tan…ingratos que somos incapaces de expresar sencillamente el agradecimiento a un amigo. 

Hasta mañana.
(Destinada a Mariví Broto, diputada del PSOE por Huesca en las Cortes de Aragón)

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