domingo, 10 de mayo de 2015

La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. De Josep María Esquirol

"Hay vida más allá de la actualidad. Mejor dicho: sólo hay vida más allá de la actualidad. Vida, libertad y pensamiento se dan lateralmente. La libertad consiste en salir de la estadística hacia lo lateral capaz de crear, de resistir. La condición lateral se asemeja a la de los números primos en que no se deja dividir: precisamente porque no hay manera de partirlos se juntan y engendran"

Hace mucho que no comento, recomiendo o comparto reflexiones a partir de una lectura. No sé, quizá me da miedo recomendar desde que se que hay quien me hace caso y me ha dado por sentir el peso de la responsabilidad.

La cita que da inicio a esta entrada está sacada de La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. En su índice te vas a encontrar con cosas tan sugerentes como "Una metafísica del ayuntamiento" (cuidado que no está hablando, al menos directamente, de las Corporaciones Locales) o "Cuidarse sin convertirse en Narciso" (cuidado nuevamente no estamos ante un texto de autoayuda). Estamos ante un ensayo filosófico, ya lo advierte el subtítulo, es decir que el texto se desarrolla como una profunda reflexión sobre algunos aspectos que clarifican la esencia de nuestras vidas discurriendo por el camino de la ética o la metafísica. Es un libro exigente para aquell@s que no estén habituad@s a leer ensayo o filosofía, pero entrar en estos terrenos no deja de ser un reto para los que quieran salir de lo habitual y de lo que se presenta como evidente. La reflexión filosófica siempre pretende ir más allá y por mucho que ahora la filosofía se considere un conocimiento inútil no hay sabiduría más práctica para la vida íntima que la que los partidarios de la ideología tecnocientífica presentan como prescindible.

Vivir es resistir y resistir es filosofar. No es posible una cosa sin otra. Frente al nihilismo que nos habita, incluso que inevitablemente nos habita, el profesor Esquirol nos propone encontrar los hilos  con los que los humanos nos suturamos, esos débiles pero existentes hilos que nos mantienen unidos, que provocan el juntamiento. La resistencia que debemos practicar es la del recogimiento y el amparo, esta última palabra que nuestro autor recupera en el lenguaje de su propuesta y que inevitablemente me lleva a la zaragozana Casa de Amparo, lugar de acogida de los que no tenían dónde, espacio que me resulta especialmente significativo porque allí se dio acogida a la presentación de mi primer libro: El cuarto pilar. Palabra desgastada por su resonancia a la que querríamos superada Beneficencia, pero que contiene el inmenso valor de una actitud que nos hace humanos. "Amparar significa proteger parando o deteniendo algo. El desamparo consiste en quedarse sin protección, sin ayuda o sin asistencia. La casa es la expresión más emblemática del amparar y del cubrir para proteger" Y que otra cosa no está siendo nuestra tarea en los Servicios Sociales sino detener el golpe.

Quizá os deba reconocer que el libro me ha gustado porque muchas de sus intuiciones y propuestas vienen a coincidir con lo último en lo que estoy trabajando y de lo que vengo hablando poco en este blog porque antes quiero tener claro hacia dónde voy. Sí que he venido a reconocer que estoy escribiendo sobre el valor de la libertad y que este me lleva necesariamente, por mucho que quiera ir hacia lo sociopolítico, hacia lo filosófico. Esa al menos ha sido parte de la deriva en la que me encuentro. En ese marco de reflexión tiene especial interés la primera cita que viene a conectar con una reflexión de María Zambrano que ya compartí con todos vosotros: el lugar privilegiado de la reflexión es el exilio, en realidad una lateralidad participante. Sólo desde el extrañamiento se puede reflexionar sobre la realidad cotidiana para revisitarla desde otra perspectiva. 

El gran problema de buena parte de las reflexiones contemporáneas es que son herederas del héroe romántico y con él, con la voluntad de alcanzarlo todo. El héroe es el que busca la victoria cueste lo que cueste. En esa búsqueda del éxito el héroe es hoy el campeón de la apariencia. Vivimos la sociedad de la apariencia "la gente suspira por el éxito mediático, o por la vanagloria del pequeño, o no tan pequeño, poder jerárquico, mientras la vida corriente sigue siendo menospreciada". Nuestra cultura política es heredera del Teseo mítico, el héroe que venció sobre el Minotauro. Los más atentos a lo que escribo sabéis que en su momento reconocí que estaba "jugando" con el mito para darle la vuelta al cuento y contar una nueva versión del relato del Laberinto. Encerrados en el edificio construido para que no se pueda salir de el la reflexión sobre la libertad es nuestro principal deber. Quizá por eso me interesa la reflexión de Esquirol cuando afirma que: Ser libre consiste en realidad en "asumir la propia existencia, sabiéndonos finitos y dejando aparecer las cosas a la luz de esta misma finitud" 

Vuelvo por dónde comencé. Vivimos inmersos en una actualidad que se vive como un tiempo permanentemente acelerado que no permite el espacio mínimo para buscar cobijo en nuestra intimidad que es justamente el único posible espacio de la libertad.

Nuestro principal deber para con nostr@s mism@s es salir de lo trillado y este libro, publicado por la siempre recomendable Acantilado (web del libro aquí), aparece como una buena oportunidad.

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