miércoles, 29 de agosto de 2012

Las nuevas políticas están poniendo en su sitio a los privilegiados.


El pueblo oprimido por los privilegiados
Llevamos unos cuantos años, especialmente los últimos meses, en los que cuando entablamos una conversación, inevitablemente, estemos hablando con conocidos o desconocidos, acabamos hablando de la crisis.

En la mayor parte de las conversaciones se acaba hablando de aquellos grupos sociales que son unos privilegiados en la situación actual. No está mal. Lo cierto es que en nuestra cultura occidental eso de los privilegios nos parece muy mal desde lo de la Revolución francesa. Hay que acabar con los privilegios y los privilegiados.

En general en las conversaciones de café, autobús o callejeras se dispara en todas las direcciones: los funcionarios ( privilegiados por tener empleo fijo y encima los moscosos), los maestros (esos encima tienen más vacaciones), los jubilados (que tenían las medicinas gratis y no hacen más que ir al médico sin necesidad elevando el coste de la sanidad), los parados (que cobran sin buscar trabajo o incluso trabajando en negro), los que cobran prestaciones sociales, especialmente si son inmigrantes, (que se están aprovechando del dinero de nuestros impuestos y no han contribuido nunca con la sociedad). ¡Vaya, justo por donde han ido los recortes! Si es que estos chicos del gobierno están poniendo a los privilegiados en su sitio.

Susan George, en su libro Sus crisis, nuestras soluciones señalaba un elemento que creo que viene al caso, especialmente para los que nos dedicamos a esto de los servicios sociales. Durante muchos decenios nos hemos dedicado a estudiar a los pobres y a la pobreza, pero sabemos poco o nada de los ricos o de los muy ricos.

Los verdaderos privilegiados están en otro sitio. Los 165 accionistas de Goldman Sachs tienen tantos ingresos anuales como Tanzania.

Las 50 personas más ricas de Francia ingresan cada año tanto dinero como la deuda completa del Estado francés.

Los seis herederos del imperio Wall Mart en Estados Unidos tienen tantos ingresos como el 30% de los norteamericanos más desfavorecidos (120 millones de personas).

En España tenemos, según la lista Forbes, 16 personas que superan los 1.000 millones de dolares en patrimonio. Sumado su patrimonio se alcanza la cifra de 70.000 millones de dólares. Lo que equivale la cantidad que se supone que necesitamos para cubrir el agujero que nos han creado los bancos. Los doscientos más ricos tienen 135.000 millones de euros (información el Mundo) Y esos datos son los que se saben y publican.

Según el informe del PNUD sobre desarrollo humano el 10% de los más ricos del mundo tiene el 90% de la riqueza mundial. El 2% casi la mitad.

Algunos alegan que esos ricos lo son porque se han ganado duramente la pasta de la que disponen. Nada más lejos de la realidad, buena parte de ese dinero que poseen los privilegiados no lo han ganado con el sudor de su frente, ni en la economía productiva, generando riqueza y puestos de trabajo; se gana en el casino financiero. Los privilegiados ya no tienen interés en producir riqueza, sólo lo tienen en seguir ganando cada vez más dinero con sus inversiones financieras.

(Por cierto, un breve paréntesis, en breves fechas se va a publicar en español El precio de la desigualdad del Nobel Joseph Stiglitz y que da cumplida cuenta de como se las gastan los privilegiados del mundo para ganar pasta. No es que no haya habido otros economistas españoles que hayan dicho lo mismo, pero parece que eso del premio Nobel tiene su tirón) (Una vez escrita la entrada un amigo me pasa esta dirección aquí que contiene datos sobre los ricos interesantísimos)

Además, esos privilegiados, en sus respectivos países, se lo montan para pagar a Hacienda por sus ingresos un porcentaje menor que el que pagan los asalariados por cuenta ajena, tienen a su disposición productos financieros que les facilitan un trato amable con Hacienda, llevan su dinero a paraísos fiscales (por cierto el 25% de la riqueza mundial está residenciado en estos países) (información diario El Mundo)

Me da la sensación de que si queremos salir de la crisis vamos a tener que cambiar de privilegiados y vamos a tener que cambiar la obsesión por los recortes por la obsesión por los ingresos; la obsesión por la inflación por la obsesión por el empleo.

Para hacer otra política hay que cambiar de privilegiados. Hay que ir a por los verdaderos privilegiados, ahí es donde está la pasta y el origen de nuestros problemas.

La política contra los privilegios y los privilegiados pasa por poner un impuesto a las grandes fortunas (esas que no conoce el Sr. Montoro), por poner un impuesto a las transacciones financieras, por poner coto al fraude fiscal, por atacar los paraísos fiscales, entre muchas otras cosas.

Os dejo con un video de ATTAC sobre la necesidad de imponer un impuesto a las transacciones financieras. En la página web de esta asociación podréis encontrar muchos otros vídeos 




Post data: En los tiempos previos a la Revolución francesa corrieron multitud de imágenes similares a la que sirve para ilustrar esta entrada en la que se ve al pueblo exhausto bajo el peso de los privilegiados de aquel momento: el clero y la nobleza. Hasta que no tuvieron claro donde estaba el enemigo no cambiaron el mundo.




1 comentario:

  1. Muy claro, muy conciso y muy deprimente (¿quién dijo que la realidad tuviera que ser necesariamente alegre?).
    Los nuevos privilegiados son los de siempre, solo que es ahora cuando les podemos poner cara, que para eso está Forbes y su lista...

    No obstante, está en la condición humana la envida, así que mientras la alienten y nosotros nos dejemos, no cambiaremos de lado la tortilla, simplemente querremos ser la tortilla...

    Saludos y felicidades por otra entrada brillante.

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