martes, 7 de mayo de 2013

Los libros dan razón a nuestros sueños

Ahí tenemos lo que me ha parecido una preciosa foto. Lleva unos días asaltándome, aunque esta vez no me he dejado llevar y, por lo tanto, no he escrito lo primero que se me ha ocurrido. He dejado que la foto me hablara, que hablara con mis recuerdos, con mis sueños y mis fantasmas. 

Veo una siesta, una cabezada, no se si larga o de cinco minutos. Me da igual. Una siesta en un entorno sobrio, antiguo pero funcional. Debo reconocer que este tipo de decoración me recuerda el ambiente de las bibliotecas antiguas, repletas de libros que recogen el saber acumulado por la humanidad a través de los siglos. Esos espacios siempre me han producido una sensación de relajo a la vez que de inquietud por saber más. En la foto se escucha el silencio como que de otro tiempo, un silencio que se te hace carne y te posee, que te transporta a otro lugar sin moverte, que te muda la piel y el personaje sin dejar de ser tu.

¿Os habéis dado cuenta de que detrás del sofá se adivina una celosía tras la que se debe esconder un radiador? Un calor que transmite también el color de la madera oscura, haciendo juego con el libro que arropa los sueños. Y a ambos lados dos puertas, cerradas, pero que se pueden abrir, no en vano se perciben sendos picaportes dispuestos para cuando acabe ese momento de recogimiento que todos deseamos tener cuando estamos agotados de tanta pelea cotidiana.
 
Calor, felicidad, sueños, sabiduría, silencio, relajo...Tal vez algo más, quizá porque todo eso está hoy en riesgo. La foto, indudablemente, contrasta con la realidad cotidiana. Los libros nos protegen de esa realidad. Nos proporcionan la fuga necesaria cuando ya no podemos más y son el combustible que alimenta el fuego eterno del porvenir. Nos arrullan con el sonido de los versos o nos impulsan a alcanzar los objetos deseados..
  

La fotografía señalada, que se podría titular "Los sueños arropados por la razón producen felicidad", tiene su contrapunto en la obra de Goya "El sueño de la razón produce monstruos". Es algo así como su antítesis. Goya lo pintó en 1799, diez años después de la Revolución Francesa, y el mismo año en el que Francia aprobaba una nueva Constitución que llevaba al poder a Napoleón Bonaparte con la intención de salvar a la República e impedir la llegada de la Monarquía Constitucional. 

Supongo que un ilustrado como él  no podía sentir otra cosa que desazón por los acontecimientos que se produjeron esos años en el mundo que le rodeaba.. Algo o mucho de ese sentimiento se transmite en sus obras.

Pero ¿Adónde me lleva todo esto? Supongo que me preocupa que estos tiempos que vivimos se parezcan en algo a los de Goya. Me preocupa que no sepamos discernir entre monstruo y utopia, que la pasión desasida de razón nos conduzca por el camino equivocado. Ya ha pasado en otras ocasiones a lo largo de la historia Supongo que me preocupa que volvamos a ver el mundo en blanco y negro, puros y sin matices, será que me preocupa que se pueda imponer la idea de que "los otros" son el enemigo, que hay que hacer las cosas por testosterona.

Me preocupa el alejamiento que muchos sienten ahora hacia la política y la democracia representativa. La última vez que ambos conceptos se debilitaron los monstruos salieron a la luz y parieron un mundo horroroso. Superar la situación supone un esfuerzo de la razón, no un abandono de la misma y en las conversaciones habituales percibo muchos posicionamientos poco meditados, poco claros y, sobre todo, que finalizan con un "todo da igual" "todos es igual" "todo da lo mismo". No creo que ese sea el camino, al contrario creo que es una puerta por la que se nos pueden colar visitantes poco deseables.

El abrigo de la razón, por denostada que esté, es la única protección que tenemos para construirnos como personas y como sociedad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

A continuación puedes dejar tu comentario sobre esta entrada.