viernes, 14 de febrero de 2014

Presentación de El síndrome Katrina.

El próximo 26 de febrero, miércoles, en Zaragoza, en la sede de Bantierra, en Coso 29 (Antiguo Casino Mercantil), en la sala de las columnas, presento un nuevo libro: El síndrome Katrina. Por qué no sentimos la desigualdad como un problema.

El libro lo edita el Colegio de Trabajadores Sociales de Aragón y se pondrá a la venta en unos días. después de la presentación por diferentes canales de comercialización.

¿De qué va? Os dejo con una de las primeras páginas del libro que ofrece un sucinto resumen del contenido.

La tesis de este libro

La desigualdad está creciendo a pasos agigantados tanto a nivel local como global y está produciendo un impresionante deterioro en la calidad democrática de nuestras sociedades y en el crecimiento económico. Sin embargo, salvo escasas excepciones, este fenómeno ha desaparecido de nuestra percepción social y de los discursos políticos, ha dejado de ser un valor inspirador de nuestras acciones colectivas, hemos dejado de sentirlo como problema, lo hemos banalizado. Y cuando se habla de desigualdad, o de igualdad, estamos hablando de cosas distintas a las de hace sólo unas décadas. El contenido de este concepto en permanente disputa desde su surgimiento como valor de la Modernidad, ha venido variando en contra de los intereses de la mayoría de una forma aparentemente imperceptible.
Esta evolución en torno a la conceptualización y significado de la igualdad en nuestras sociedades se puede configurar y analizar como un síndrome. En este libro voy a intentar analizar sus características. El nombre de Katrina hace referencia al desastre que se produjo en Nueva Orleans el 29 de agosto de 2005. En esa fecha un huracán provocó una terrible catástrofe humana. Lo sucedido esos días sirve para ilustrar y visualizar la forma en que vivenciamos el problema de la desigualdad.

El síndrome Katrina influye poderosamente en nuestra percepción de la realidad social y en los conceptos que definen cómo debemos organizar nuestra convivencia. Ataca, por lo tanto, a nuestra perspectiva ética y política. Por sus características recuerda al de Estocolmo, sólo que esta vez el secuestro, que afecta a la mayoría de la población, es metafórico. Es un secuestro del lenguaje y de la percepción que provoca fundamentalmente un cambio en la toma de postura y ante las diferentes formas posibles de organizar la sociedad que hace que se acaben aceptando soluciones que van en contra de los intereses de los propios “secuestrados”.

Se trata de un síndrome provocado por dos factores que se presentan en las actuales sociedades occidentales en abundancia: el predominio del sentimiento del miedo, que actúa como una banda sonora, aportando el tono emocional adecuado y la preponderancia de unos nuevos relatos explicativos de la realidad que justifican la desigualdad y sus consecuencias sociales.

Hay un grupo de personas y corporaciones globales muy interesados en que nos afecte, en provocarlo, favorecerlo, hacer que crezca. Son los que nos tienen secuestrados. Se trata del grupo de los privilegiados que suponen el 1% de la población y que tienen un especial interés en la extensión del fenómeno. Son los fundamentales beneficiarios de esta ceguera personal, social y política hacia el fenómeno de la desigualdad.

Cualquier lector de novela negra sabe que el asesino suele ser aquél que tiene móvil y oportunidad. En esta historia que les propongo, como verán profundamente literaria, siguiendo este hilo conductor, nos va a resultar evidente quienes son los culpables; no es que todavía se vea el humo saliendo del cañón de la pistola, es que todavía están disparando y nosotros somos el blanco.

 


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