martes, 14 de octubre de 2014

Pero, si hay crisis ¿Por que la gente sigue llenando las terrazas y los restaurantes?

En las últimas semanas he tenido la oportunidad de participar en varios actos públicos, en unas ocasiones para hablar de Estado de Bienestar, crisis, valores... En otras para presentar mi segundo lilbro El síndrome Katrina. Volviendo del último viaje, por el camino, me dí cuenta de que hay una pregunta que se repite, me la hizo una persona mayor en Reus, me la reiteró una estudiante universitaria en Las Palmas de Gran Canaria y lo cierto es que me la habían hecho antes, la he oído en conversaciones de bar, a todo tipo de personas.

Si estamos en crisis ¿Por qué la gente sigue llenando las terrazas y los bares y los restaurantes y las playas...? Si la crisis afecta a tod@s ¿Por qué muchas cosas parecen seguir yendo normalmente? En realidad ¿Por qué no sentimos la desigualdad como un problema? (que es el título de mi segundo libro) ¿Por qué no percibimos el aumento de la pobreza en las calles? Bueno, es cierto que se ven más sin techo, que se ven imágenes de gentes buscando en las basuras... pero tampoco es tanta. Los neoliberales piensan que son unos vagos y unos jetas, muchos otros que son unos pobres desgraciados que no han sabido encontrar unas mínimas posibilidades o que les ha ido muy mal en la vida, de cualquier manera se ven como una excepción.

En El síndrome intente darle una respuesta a esta pregunta, pero desde que lo acabé de escribir han venido pasando unas cuantas cosas. Añado ahora un elemento de análisis que no había tenido en cuenta, o al menos no de forma expresa. Se nos ha olvidado que nuestra sociedad está estratificada, o hablando en plata, que nuestra sociedad está dividida en clases (digo hablando en plata porque es pronunciar en público la palabra clase y ver como a algunos se les dibuja una sonrisa perdonavidas en la cara. Parece que es de mal gusto recordarlo). Durante mucho tiempo nos hemos creído eso de que todos eramos clase media. Es cierto que la mayor parte de la población tenía unas condiciones de vida muy aceptables, seguramente esa perspectiva borraba las divisiones sociales, incluso el aumento de las desigualdades, pero el análisis de la estratificación social en clases que era común y asumido como inevitable hace tan solo treinta años ( el debate se reducía a si el análisis era marxista o funcionalista, simplificando el asunto, claro está) ha desaparecido de escena y del debate social y político. 

Mayoritariamente hoy se ha dejado de hablar de clases. Es más, una parte del nuevo debate político se está conduciendo hacia un análisis y una estrategia electoral que todavía las invisibiliza más. Es el debate élite/pueblo. La famosa "casta", un análisis que tiene una parte de verdad (aunque a menudo se utiliza para disparar indiscriminadamente al adversario tildándolo de tal) pero que invisibiliza las diferencias de clase que existen en esa masa a la que se define como pueblo. No hace demasiado hablé de ello en este blog, la conceptualización arriba/abajo tiende a borrar las diferencias de clase. Desde mi punto de vista no podemos dejar de pensar en la conceptualización dentro/fuera, protegidos/precarios. Precisamente porque todavía hay muchos grupos de población "protegidos", a los que les ha afectado la crisis pero que no les ha dado por debajo de la línea de flotación, se siguen llenando las terrazas, los restaurantes, los bares y las playas (por cierto en esta crisis son muchos ya los locales de hostelería y restauración cerrados, algo que no sucedió en la anterior crisis de los años 80-90) Esa imágen, agitada interesadamente por los neoliberales, oculta la realidad de un precariado que crece a pasos agigantados. Miniempleos, empleos precarios, empleos mal pagados y que no alcanzan para salir de la miseria, desempleo de larga duración, supervivencia gracias a las ayudas sociales, apoyo de la todavía fuerte red familiar ...

El problema lo tenemos con el enmarcado de los mensajes, con la explicación de las políticas que se quieren desarrollar y que son necesarias para salir de esta situación. Pasa por explicar que una sociedad, una comunidad digna de ese nombre, no puede no proteger a los desprotegidos, que en nuestro avance como sociedad no podemos dejar a nadie atrás.

1 comentario:

  1. Pues sí, totalmente de acuerdo. Además el término "clase" da miedo desde la caída de la URSS, porque eso de "lucha de clases" huele demasiado a Marx.

    También es curioso el análisis actual de algunas personas/administraciones que siguen utilizando el término "clase", o más bien "colectivo". Y hablo concrétamente en nuestros queridos Servicios Sociales, cuando en el baremo para determinar si perteneces a un colectivo en riesgo de exclusión social, por tener estudios superiores, no entras ni en proceso de vulnerabilidad social. Es como si nos alimentásemos de un trocito de título académico cada día.

    Pronto habremos muchos trabajadores sociales usuarios de los servicios sociales pero sin derecho a muchas de las prestaciones por "ser lo que somos".

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