miércoles, 19 de noviembre de 2014

El pensamiento Powerpoint

Las primeras veces que ví usar el programa Powerpoint no me pareció gran cosa. Durante lo que me pareció bastante tiempo me resistí a utilizarlo, prefería la retórica simple y pura; el esquema en la mano  y las armas de la oratoria me parecían más que suficiente. 

No se cuando ocurrió pero al cabo de un tiempo si no llevabas un pincho con un power a una presentación parecías un verdadero marciano. La mirada que te dedicaban acompañada de un ligero meneo horizontal de la cabeza de derecha a izquierda iviceversa me hicieron pensar que a lo mejor me estaba perdiendo algo bueno. Como ya me había equivocado en la valoración de que los móviles tampoco aportaban demasiado al género humano acabé por rendirme a lo que parecía una evidencia y me dediqué a aprender a manejar el programa y posteriormente a utilizarlo como herramienta básica no sólo de la exposición sino de la misma elaboración de mis intervenciones públicas.

No es que no recibiera avisos. Debía ser el año 2010 cuando Miquel Rodríguez (página web aquí), un gran profesional, en un curso sobre uno de los temas en que es experto nos advertía a los alumnos sobre las dificultades del Powerpoint como herramienta de apoyo a la transmisión de contenidos. La idea no me resultaba extraña, no hacía demasiado que había leído un artículo publicado en El País en el que se reseñaba un libro de  Franck Frommer  titulado El pensamiento Powerpoint. Indagación sobre el programa que te vuelve estúpido. (Artículo en El País aquí) Pero la verdad es que no les hice demasiado caso. Me acababa de pasar al programa hermano de Powerpoint, Keynote, que mejora considerablemente la estética de la herramienta y había aprendido a mejorar el resultado. Os confieso que en estos años no ha habido presentación a la que no haya acudido sin la herramienta a disposición.

Hace un par de semanas me pasó algo que me ha traido a la memoria esta pequeña historieta que te he resumido en tres párrafos. Fue en Logroño. Hice dos intervenciones sobre temas distintos pero con algunos contenidos similares. Mi buen amigo Santi (por cierto muchas gracias por tu valoración, ya verás que me ha venido muy bien) acudió a las dos (lo que no tiene precio) y por eso pudo ver un fenómeno del que me advirtió, que me ha hecho pensar y que ha motivado esta entrada de blog sobre un tema algo distinto a lo habitual. Lo que pasó fue que en la segunda intervención falló la técnica y tuve que hacer la presentación "a pelo", siguiendo el guión de la presentación visual pero sin el soporte. Santi me dijo que le había gustado mucho más y le había parecido más clara esta segunda presentación que la primera.

Me hizo pensar, a ver si iba a ser que .... Lo he vuelto a probar. Este fin de semana he estado en otra jornada de trabajo en Vilas del Turbón (Huesca) para hablar en unas jornadas municipalistas del PSOE del Altoaragón sobre los Recortes en materia de Servicios Sociales en estos últimos años. Hice la intervención sin el apoyo técnico, con el clásico guión escrito a máquina. Me sentí como hacía tiempos que no lo hacía en una exposición; estuve más a gusto que nunca. Lo cierto es que ya había preparado la intervención con el esquema mental clásico y con ayuda del procesador de textos. 

El problema de estas herramientas de presentación, especialmente si las utilizas para hacer incluso el guión de la intervención, es que predomina lo esquemático y lo visual sobre el contenido y el hilo narrativo. De alguna manera la forma determina el contenido y en la exposición lo visual gana a lo argumentativo. Adquiere más valor lo emocional y pierde intensidad lo cognitivo. En cierta medida es el sino de los tiempos. Quizá lo que nos pase sea que, en general, nos estamos moviendo con un pensamiento Powerpoint en el que las razones y los argumentos pierden espacio a favor de la imagen y lo emocional.

Hay muchos intelectuales que vienen advirtiendo con razón de que el ser humano no es un ser simplemente racional, que lo emocional tiene un peso determinante en nuestra forma de pensar y entender las cosas. Quizá por eso las herramientas audiovisuales son tan potentes y tienen tanto peso, pero siendo esto verdad, parece poco adecuado que en los espacios que dedicamos a la reflexión intelectual abandonemos la palabra como herramienta y argumento. 

El abandono de la palabra, de la razón argumentativa, es más que notorio en el conjunto de nuestra sociedad. El pensamiento "Powerpoint" es algo más que la consecuencia del uso de una herramienta técnica y no está exclusivamente ligado a ella; es una forma de organizar la mente que prioriza el argumento simple y la frase corta, las soluciones simplonas para los problemas incomprensibles. Esta forma de pensar ha venido colonizando el debate público que se encuentra en la actualidad  trufado de trampas emocionales. Es cierto que en la actualidad hay una exigencia generalizada de recuperación del debate y la participación pública pero a la vez los espacios ganados para hablar no se rellenan de palabras, con argumentaciones documentadas y reflexionadas sino que se cargan de reacciones dominadas por la emocionalidad.

Es difícil descubrir y reconocer cuando nos está pudiendo lo emocional. Creo que hay un criterio para autonalizarnos: si antes del debate no estamos dispuestos a conceder ni el más mínimo espacio y posibilidad a que el otro me convenza de sus argumentos es que me estoy haciendo trampas al solitario. Si nada de lo que argumenta mi adversario en el debate me parece mínimamente convicente es bastante más probable que tu no estés escuchando que que el otro sea tan idiota como para no tener nada que aportar.

Visto lo visto creo que sería razonable que yo volviera a la oratoria y nuestros debates públicos recuperaran la palabra y el argumento, la aceptación razonable de que el otro también tiene la posesión de una parte de la verdad y de que las propias convicciones hay que argumentarlas claramente para que el otro las pueda valorar








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