miércoles, 20 de noviembre de 2013

En el país de los ciegos, el tuerto es un idiota.

Georg von Wallvitz
Estaba sufriendo como cada vez que entro en una librería. Sufría porque pasear mirando las estanterías repletas de títulos atractivos, de novedades y de clásicos, de novelas y ensayos, es un ejercicio masoquista. Encuentras placer en las promesas que esos títulos y portadas te ofrecen, pero a la vez sufres porque debes escoger, no puedes llevártelo todo. Queda el consuelo de pensar que te quedan visitas futuras pero sabes que estás ante un consuelo falso; la próxima vez sucederá lo mismo o aún peor..

Y ahí estaba, me llamó la atención el título y me llamó la atención que una editorial que consideraba más volcada hacia textos de perfil más literario, Acantilado, publicara un libro sobre los mercados financieros. A un tal Georg von Wallvitz le había dado por escribir un libro que se titulaba Ulises y la comadreja. Una simpática introducción a los mercados financieros (página editorial aquí). Un título embutido en las formas y colores de la atractiva editorial.

Nada menos que un libro que une mito clásico y realidad, justo lo que llevo retorciéndose en el sistema nervioso central (o lo que sea que usemos para pensar) No había más remedio. Había que llevárselo a casa y cargarlo en cuenta.

Leo las notas biográficas de las primeras páginas antes de comenzar la lectura y las releo ahora para hacer una reseña y su contenido adquiere un significado nuevo. En la persona de Von Wallvitz se aúnan los estudios de matemáticas y filosofía con la dilatada experiencia como gestor de fondos e inversiones. Esos dos elementos tienen una repercusión inmediata en el contenido del libro. Ulises y la comadreja es un libro que habla de la forma en que funcionan los mercados financieros, pero lo hace de acuedo con una estructura desusada en ese tipo de libros, repleto de erudición que podría catalogar como "humanista", consciente de que la economía no es,. ni mucho menos, una ciencia natural o exacta, consciente de que la naturaleza humana no se ajusta a los dictados de la teoría neoclásica o estandar de la economía.

Portada del libro
El libro habla de inversiones de capital pero lo hace con descreímiento, sabiendo que no hay criterio que pueda guíar al interesad@, no intenta "vender motos averiadas" como suelen hacer los manuales de inversión o los libros de consejos sobre el funcionamiento del mercado que intentan convencer a los incautos de que la inversión es poco menos que una ciencia exacta y que basta estar atentos a determinados criterios para hacerse con el Vellocino de oro.

El libro es descarnado en la descripción del funcionamiento de los mercados financieros y sus protagonistas, pero no es un libro que proponga un cambio de sistema económico o un sistema de regulaciones distinto al actual. No cree que eso sea posible o que esos intentos puedan hacer funcionar mejor a los mercados ni a la sociedad en su conjunto.

En ese sentido el libro está más emparentado con John Allen Paulos (un divulgador de las matemáticas y su libro Un matemático invierte en bolsa) o al Daniel Kahneman (especialmente su Pensar rápido, pensar despacio) que con los libros de Juan Torres López, Joseph Stiglitz y Paul Krugman (los tres economistas) 

Cartel de la película
En ocasiones leer el libro es como volver a ver la película Margin Call, pero con sosiego y entendiendo mejor lo que de verdad está pasando en la pantalla, como profundizando unos cuantos pisos por debajo. Una versión explicada en lugar de actuada.

La frase que sirve de título a esta entrada forma parte de la argumentación del texto. Los que saben más que los otros, los más listos, los más inteligentes, están condenados, en el ámbito de los mercados financieros, a verse marginados. Se trata de no querer ser el más listo de la clase, eso se paga, mientras no te equivoques podrás llegar a ser admirado, al primer error, sencillamente, estás fuera. Por eso, en el país de los ciegos, el tuerto es un idiota. Algo que sucede, por desgracia, en más ámbitos de la sociedad actual, en la que es muy difícil que los puntos de vista distintos, propios, orignales, puedan imponerse, la inercia y la masa no están por los cambios, estos necesitan de mucho tiempo y muchos esfuerzo para producirse.

Acabo la lectura del libro y me queda una sensación agradable, me ha atrapado la lectura, he encontrado un sinfín de anécdotas más que interesantes, me ha documentado en algunos aspectos sobre el funcionamiento de los mercados financieros visto desde dentro, desde muy dentro.

Para mejorar la perspectiva de la lectura cabe decir que el libro tiene sólo 177 páginas en un formato pequeño 19x12,5 cm. No suelo hacer comentarios al respecto, pero el libro se lee muy bien, no se atasca, lo que habla bien del autor y, sin duda, del traductor del libro (Roberto Bravo)

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