viernes, 3 de enero de 2014

Intemperie de Jesús Carrasco. Mi preferido en narrativa de 2013.

Intemperie es una novela sorprendente. Te atrapa desde las primeras páginas. Su título no engaña. Su tema es la intemperie, la desprotección. Quizá algo más: la fuerza de la vida humana que se esconde en la aparente indefensión de los débiles, mejor aún, de los debilitados.

Intemperie no sucede en ningún lugar concreto, aunque si lo lees atentamente sólo puede suceder en una país mediterráneo, en un paisaje semidesértico; católico, al menos cristiano. No sucede en ningún momento concreto, aunque parece referirse a un momento del pasado que se podría encontrar en la primera mitad del siglo XX. Sus personajes no tienen nombre, se les reconoce por su rol: el niño, el pastor, el alguacil, son los principales. Con estos elementos la novela podría haber descarrilado por el camino de lo arquetípico, pero no es así. Los personajes tienen una profunda complejidad, el paisaje, la intemperie, no es sólo un decorado en el que sucede la acción, es parte de la acción, quizá sea un personaje más, que da y quita vida y oportunidades, que complica la acción hasta los límites de lo que parece imposible, es una elemento metafórico y semántico. Esa inconcreción es lo que permite preguntarse si este relato que parece reflejar al pasado no estará presintiendo uno de los posibles futuros y quizá por eso nos resulte tan inquietante su lectura.

La novela se desarrolla de una forma lineal, sencilla, sin complicaciones formales. Es una narración pura, un cuento; como veremos al final de esta entrada, una parábola. A esta sencillez formal le acompaña una escasísima presencia de adjetivos, hay que ir buscándolos como los personajes buscan el agua, la sombra o la escasa vegetación en su peregrinaje. Son adjetivos que encajan perfectamente en la acción: calcinadas, mínima, cojo, leñosas, lacias, escurridas, largos, místicos, rojas, arcillosa, apisonados, deshilachadas, penoso, tosca (eso es todo en las dos primeras páginas, una simple muestra) Esos adjetivos conforman con el conjunto de la obra un ámbito semántico que expresa perfectamente esa intemperie: sequedad, dureza, falta de cobijo. Un ámbito que tiene el tacto del esparto y el olor del sudor, la orina y las heces.

La novela navega también por el camino del análisis de los límites de la dignidad humana. Recuerda, entre otras cosas y en cierta medida, el problema moral que Hannah Arendt plantea en Eichman en Jerusalén: hasta donde debe ser obediente el ser humano, hasta donde debe ser conformado, cuando debe poner en riesgo su vida, decir basta.

Intemperie me parece una obra visual. Al leerla provoca imágenes. Se recompone en tu mente a través de tus recuerdos. Seguramente por eso, después de la primera lectura, lo leído me evocaba imágenes de cuadros y de películas. Quizá el primer recuerdo que acudió a mí mente fueron algunos de los grabados de la serie Los desastres de la guerra de Francisco de Goya, los trazos negros sobre una negra y brutal realidadTambién venían a la mente los recuerdos de las películas del neorrealismo italiano, las vidas miserables de la postguerra, la voluntad de mejora, el sufrimiento de los débiles, la corrupción de las personas. En estas películas, por ejemplo Roma città aperta, los niños tienen un peso simbólico, son los testigos del presente que construirán el mañana, testigos que presencian el sufrimiento, la heroicidad, la dignidad y la injusticia. Quizá haya algo también de western, quizá más de spaghetti western, los paisajes almerienses, desolados, personajes extremos en situaciones extremas, débiles que se rebelan, héroes inesperados, victorias improbables.

La sorpresa la he encontrado cuando he comenzado a leer Intemperie por segunda vez. Si en la primera
lectura me dejé llevar por el relato, por los avatares de la historia, en la segunda le he podido sacar sabores más matizados y entre ellos un ámbito de referencia cultural que me había pasado inadvertido: las continuas referencias bíblicas.

La Biblia es un libro que está presente físicamente en el relato, pero sus referencias son muchas, muchísimas. El mismo paisaje, inconcreto y atemporal no deja de ser el mismo tipo de paisaje metafórico que abunda en los relatos bíblicos. El desierto es también un personaje en estos últimos, el lugar por el que hay que pasar para salvarse, algo que sucede tanto con el pueblo de Israel en su huída de Egipto antes de llegar a la tierra prometida, como para el propio Jesús que va al desierto antes de emprender su misión pública. El niño debe atravesar el desierto para ir al norte, para encontrar la salvación. Antes, en su paso por el desierto, debe superar diferentes tentaciones, aprender lo esencial que necesitará para la nueva vida. El pastor, como Moisés, se queda a las puertas de esa tierra en la que, finalmente, llegará el agua deseada.

La figura del pastor es una metáfora evangélica que representa al Dios bondadoso  A lo largo de la lectura de intemperie, resuenan con fuerza los versos del Salmo 23 "El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes pastos me hará reposar, me conduce a fuentes tranquilas, allí repara mis fuerzas, me conduce por cañadas seguras haciendo honor a su nombre, aunque fuese por valle tenebroso ningún mal temería... preparas ante mí una mesa ante la vista de mis enemigos, perfumas mi cabeza, mi copa rebosa..." De alguna manera son cosas que suceden en el relato, pero hay un momento en la novela en el que el salmo parece cobrar vida real, en la página 125, el niño reposa pegado al pastor "Simplemente se quedó junto al viejo encorvado, sintiendo el roce del cielo con la Tierra. Un rumor antiguo procedente de las rocas. Imaginó un molino de agua en el hayedo... El paraíso del que tanto hablaba el cura. Un tapiz verde en el que los árboles reposaban negligentes, ajenos a su propia abundancia".


El pastor del relato recuerda, además, con su actitud a lo largo de la novela, lo expresado por la parábola del Buen Pastor. "El buen pastor da la vida por sus ovejas" algo que finalmente hará el viejo cabrero de Intemperie. Un pastor que se enfrenta a una jauría de lobos que quieren destrozar una de sus ovejas.


El mismo pastor, protegiendo al niño, su oveja, sabiendo que iba a ser maltratado por el aguacil y sus ayudantes, en medio de la nada, se pone a rezar: "Y el viejo rezaba con los ojos cerrados" (página 104), un poco más adelante sabemos que "le habían quitado la chaqueta y le habían fustigado con la camisa puesta" ¿No recuerda esta escena la oración del huerto de Getsemaní, el prendimiento de Jesús y los latigazos antes de llevarlo a la cruz?

El pastor no deja de ser la piedra desechada por los arquitectos que se convierte en la piedra angular del este relato y de la vida del niño. El conjunto del camino no deja de ser la huída de Jesús a Egipto para impedir que Herodes, figura recordada textualmente, acabara con todos los inocentes. El sonido de la moto del alguacil le suena al niño como la primera trompeta del apocalipsis y el niño insolado emite sonidos que parecen la voz profética que clama en el desierto denunciando su abandono.


Intemperie no sólo contiene resonancias concretas, su propio contenido no deja de ser parabólico. Las parábolas de los Evangelios se caracterizan por una estructura que prepara la sorpresa, su contenido resultaba sorprendente para los oyentes contemporáneos, los personajes hacen justo lo contrario de lo que resulta lógico para los lectores. Intemperie tiene ese mismo tipo de contenido. Sus personajes principales, sus protagonistas, actúan como no se espera: un niño que huye y que contra todo pronóstico supera todas las dificultades, un pastor que lo protege en un mundo en el que nadie lo había protegido, en el que nadie protege a nadie.

Entre las muchas lecturas que acepta este libro creo que se puede incluir esta que lo considera una especie de parábola postevangélica. Con esta lectura no pretendo decir que estemos ante un texto religioso, de hecho en todo caso contrasta la lectura que el pastor hace del relato bíblico llevándolo a efecto en su vida frente al incomprensible lenguaje del cura despreocupado en realidad de sus ovejas. Un hombre que se niega a la violencia, que cree en la profunda humanidad hasta de los seres humanos más despreciables. Un relato de este tipo podría haberse estrellado contra el muro de lo moralizante. No lo es en absoluto, creo, sencillamente que estamos ante un buen relato literario que juega en los límites de lo humano y que, por eso, acaba entrando en el ámbito de lo ético, eso sí, con el lenguaje del arte.

Para finalizar, en una especie de juego con estas referencias, pidiéndote escusas por adelantado, te propongo un pequeño resumen parabolizado de Intemperie:

Un niño se fuga de casa huyendo de un abuso insoportable. Se va casi con lo puesto, tiene coraje, pero tiene ante si el desierto y sus abusadores lo van a buscar hasta el final. Se encuentra con un pastor. ¿Qué debe hacer ese pastor? Algunos pastores mirarían para otro lado. Se dirán, si no hago nada todo se resolverá solo, el niño sin agua acabará optando por volver a casa, yo no me habré implicado y todo continuará igual. Otros pastores, llevados por la buena fe, tal vez por el miedo a un castigo, obligarán al niño a volver a su casa, lo entregarán al alguacial, a la autoridad competente, con eso habrían cumplido con su deber. Pero el Buen Pastor no haría eso, enseguida deduciría que el niño huye de algo terrible y decidiría escucharlo, le dejaría acercarse poco a poco, como un animal desvalido y desconfiado, le proporcionaría lo básico para seguir viviendo, le dejaría libertad para que fortaleciera su voluntad; es más, sabiendo lo que sabe de la realidad, decidiría protegerlo poniendo en riesgo su propia vida, le enseñaría los rudimentos que le permitan vivir por sí solo. El Buen Pastor sabe que esta no es una oveja más, es una oveja con voluntad, y en esa voluntad hay algo que merece la pena salvar. En esa voluntad está la salvación futura del mundo. Sólo si las ovejas deciden dejar de serlo habrá un mundo en el que merezca la pena vivir.


1 comentario:

  1. Gracias por la recomendación. En la Biblioteca sólo hay un ejemplar que debieron comprar con la calderilla que presupuestaron para el 2013. ¡A ver si lo pillo!

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