sábado, 8 de marzo de 2014

La necesaria reflexión sobre lo que hacemos y por qué lo hacemos

Definitivamente se nos come el tiempo. La vida lleva un ritmo tan rápido... Justo nos llega para trabajar (si tenemos trabajo), realizar las tareas domésticas, atender a los hijos o a los familiares (especialmente si tienen alguna circunstancia que los hace dependientes).  En fin: El acabose.

Algunos, en medio de toda esta vorágine,(expresión común donde las haya) consiguen encontrar huecos para el compromiso social, cultural, político.

El poco rato que nos queda libre lo dedicamos a dejarnos llevar ante las diferentes pantallas que ahora ocupan nuestra vida y en el mejor de los casos a estar con los amigos o en familia. Y así van pasando los días. 

Esta reflexión me surge al hilo del ritmo que he acabado llevando esta semana, bueno quizá varias semanas, con motivo del lanzamiento y presentación de El síndrome Katrina y que está haciendo que el número de novedades en este blog se espacie algo más de lo que era habitual. No os canso con los pormenores. De cualquier manera gracias a los que estuvisteis presentes y especialmente a los organizadores y facilitadores.

A raiz de esta experiencia de agobio con el tiempo que nos es común me ha venido a la cabeza una de las reflexiones que comparto en las presentaciones y que forma parte del libro. A base de tanto ritmo nos olvidamos (o simplemente no podemos) abrir espacios a la reflexión. No digo que no pensemos, al contrario, estamos todo el día cavilando, pero lo hacemos sobre las cosas inmediatas, sobre lo que nos preocupa en el momento y dedicamos poco tiempo a darle vueltas a la realidad tomando la distancia necesaria. Para tomar esa distancia necesitamos soledad, silencio (al menos interior) y cierta continuidad. Creo que es para buscar ese espacio que escribo ya sea este blog, ya sea cualquier otra cosa, quizá por eso titulo a este blog Espacio de Reflexión

Es verdad que la vida nos achucha pero también es verdad que a veces utilizamos el ritmo vital como excusa para no ir más allá y eso tiene sus consecuencias. En El síndrome Katrina reflexiono sobre por qué hemos banalizado la desigualdad y apoyándome en el concepto acuñado por Hannah Arendt llego a la conclusión de que lo que nos pasa es que en muchas ocasiones renunciamos a pensar por nosotros mismos y pasamos de sentir que tenemos una responsabilidad ante lo que nos pasa en nuestra vida y a nuestro alrededor, a sentir que simplemente tenemos una responsabilidad en el cumplimiento de las normas, escritas o no, que las diferentes autoridades, especialmente el mercado, nos sugieren cumplir. Pasamos de la responsabilidad por a la responsabilidad ante. A desarrollar esta idea, que me llevaría a una entrada demasiado extensa, dedicaré la siguiente entrada de blog (o dentro de dos si algo me asalta por el camino) Sirva esta entrada a preparar el camino de una nueva serie sobre algunos de los contenidos de mi nuevo libro.

De momento os dejo con una sugerencia que se desprende, o eso creo, de lo que voy escribiendo en este blog desde que comencé a hacerlo. Los libros, especialmente los ensayos y las obras de divulgación científica, a menudo también la narrativa, son una fuente de interrogaciones continuas sobre quienes somos y por qué somos así. Si elegimos bien son un generador de responsabilidad por. En los lugares más alejados aparentemente de lo que nos preocupa en la vida diaria se encuentran respuestas inesperadas. En la lectura, si dejamos espacio a las preguntas y la reflexión, si atamos cabos, está casi todo lo que necesitamos para pensar diferente. 

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