domingo, 2 de marzo de 2014

El bonobo y los diez mandamientos. De Frans de Waal.

No es la primera vez, ni el primer libro de Frans de Waal que reseño en este blog. Estamos ante un divulgador científico estupendo. Sus libros se leen con una gran facilidad. Son amenos y, sobre todo, sorprendentes. Van contra corriente. Rompen esquemas. Nos confrontan con nuestra propia realidad. En fin, que es un gozo leerlos.

Me sigue resultando sorprendente el cambio de los títulos al traducirlos, es posible que con el nuevo título los editores capten más la atención del público, se me escapa, pero como lector me restan información relevante. En realidad el título en inglés es: The bonobo and the atheist. In search of Humanism among the Primates (El bonobo y el ateo. En busca del humanismo entre los primates) título que prefiero, especialmente el subtítulo, y me hubiera llamado más la atención que el que le han puesto, pero puede que yo sea raro.

Como en otros textos anteriores Frans de Waal reflexiona sobre los muchos elementos que están en la base de nuestro comportamiento ético que compartimos con las especies del Reino animal más cercanas a nosotros desde la perspectiva de la evolución. Lo sorprendente es que hay muchos elementos que identificamos con la superioridad humana que se encuentran, de un modo u otro, en los animales más cercanos evolutivamente. En fin, que buena parte de nuestra ética encuentra explicación en nuestra propia naturaleza, unas características que compartimos con las especies más próximas del planeta Tierra.

En este y otros libros se arroja al basurero de la historia el concepto neoliberal, tan extendido y compartido hoy en día, y procedente de las teorías económicas neoclásicas, que se conoce como homo oeconomicus, un concepto de ser humano que estrecha, contra toda evidencia, nuestro comportamiento natural. Plantean que por naturaleza nuestro único interés es egoísta y tendemos naturalmente a buscar exclusivamente nuestro interés material. Dicen que lo contrario es fruto de manifestaciones culturales, que por mucho que se empeñen, no pueden acabar con esa tendencia natural. Desde esa perspectiva todos los humanismos están condenados al fracaso, la única Ley es el mercado. Somos esclavos de una naturaleza agresiva y violenta que nos acompaña desde la noche de los tiempos.

Frans de Waal, no solamente él pero es de su libro de lo que estamos hablando, continúa demostrando a través de evidencias científicas, que eso no es así.

Por otro lado en el libro hay otro elemento que me resulta muy interesante, quizá responde más a la cultura norteamericana que europea o española, pero no deja de ser un debate presente en nuestra sociedad. Frans de Waal, sin ser creyente, no se declara ateo y arremete en este libro contra la postura dogmática de los neoateos militantes, salvando o defendiendo la importancia de la fe religiosa para muchas personas. Creo que esa perspectiva, que tengo la sensación que recojo de forma deficiente en este comentario, es de interés para todos los que estén interesados en la relación entre ética, religión y naturaleza humana. Las reflexiones de De Waal creo que son, también en este tema, lo suficientemente sugerentes como para merecer una lectura.

El libro tiene planteamientos que considero muy interesantes desde la perspectiva del Trabajo Social y como fundamento de los valores y principios éticos en los que se basa tanto nuestra profesión como las estructuras mismas del Estado de Bienestar y el diseño de las políticas sociales.

Yo reconozco que me lo leí de tres sentadas. Me pasa que cuando topo con un ensayo tan bien escrito como este lo prefiero a una novela mediocre. ¿Me estaré haciendo mayor?

Como estoy en plena promoción de El síndrome Katrina, no puedo dejar de señalar que estas ideas, no las de este libro, claro, lo he leído después, están presentes en su argumentación de una forma más detallada.




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