miércoles, 4 de junio de 2014

Crisis y posmodernidad

La actual situación de crisis se representa ante mí como el laberinto del mito clásico, el laberinto del Minotauro, construído por Dédalo, el ingeniero de la mitología griega, para el primer Señor del mundo mediterráneo: Minos.

En la actual crisis los que estamos atrapados por el laberinto somos todos nosotr@s y la pregunta que me hago tiene que ver con la materia de la que están compuestas las paredes del laberinto que nos atrapa, con la personalidad de los nuevos dédalos. Vengo manteniendo desde hace unos cuantos años que esas paredes están formadas, en buena manera, por los conceptos con los que el neoliberalismo ha conseguido imponer en el planeta, en cada uno de nosotros, los conceptos con los que entendemos el mundo que es tanto como decir los conceptos con los que construímos el futuro, si es que el futuro sigue existiendo en el marco del pensamiento neoliberal (ya os adelanto que entiendo que en el neoliberalismo no es otra cosa que una permanente repetición del momento presente porque no puede haber evolución posible, hemos llegado al final de la historia)

En ese análisis de los muros del laberinto me ha resultado tremendamente revelador el análisis de los conceptos que realiza Reinhart Koselleck (en la imagen superior), un magnífico historiador alemán. Ya me referí a él hace unos meses, a su libro Historias de conceptos. Lo último que he leído de él y que me resulta muy iluminador está en Crítica y crisis. Ambos libros los tenemos a disposición gracias a la editorial Trotta (web aquí)

Uno de los aliados ideológicos y conceptuales del neoliberalismo ha resulado ser la filosofía posmoderna y su proclamación del fin de los relatos. En este marco el concepto crisis se banaliza y deja de tener el valor que tenía en la Modernidad. Crisis, de acuerdo con Koselleck, forma parte de un conjunto de conceptos que nacen con la Ilustración y que son la esencia misma del concepto moderno: Historia, utopía, crisis, revolución.. son conceptos profundamente emparentados. Todos ellos tienen en su esencia un giro fundamental, esencial, de la forma de vivenciar el tiempo. Todos ellos, según su versión moderna, implican la existencia de un tiempo material en el que vive el ser humano, en el que actúa, en el que el futuro se puede construir: la utopía puede cobrar materialidad en el futuro, la historia es fruto de la acción de los pueblos, crisis supone la existencia de un antes y un después, revolución supone, como ya indicaba en una entrada reciente, una evolución hacia adelante y no una mera repetición de un ciclo preconcebido.

La posmodernidad pretende enterrar estos contenidos conceptuales, en una cierta vuelta a la situación premoderna la historia ya ha terminado, la revolución es un giro continua sobre el mismo eje, la utopía debe esperar a un Juicio Final y, por lo tanto, resulta inalcanzable y crisis se banaliza de tal manera que lo es todo y no lo es en realidad nada.

Uno de los usos más frecuentes y reiterados del término crisis es el que se concreta con el adjetivo "económica". Esa crisis económica se identifica con los ciclos económicos que son concebidos como un sube y baja continuo, en realidad, si nos detenemos mínimamente, esos ciclos económicos no dejan de recordar al concepto de revolución premoderna, un giro perfecto sobre el propio eje en el que a una subida le corresponde una bajada para volver nuevamente al punto de partida, nunca para cambiar realmente nada. De esta forma la crisis, interpretada en este marco conceptual, no marca una evolución, un antes y un después, sino una perpetua vuelta, un eterno retorno.

Salir de la crisis actual pasa, desde mi punto de vista, por recuperar el contenido de los conceptos, de las palabras, de la modernidad, del humanismo. Querría advertir que estos párrafos van más allá de la actual situación coyuntural de nuestro país, que la crisis de valores va mucho más allá desde el punto de vista geográfico y sociológico, que esta forma de pensar nos habita mucho más de lo nos queremos reconocer cada uno y que las soluciones no son ni fáciles, ni evidentes. Salir del laberinto exige encontrar el hilo de Ariadna y aún más, comprender porqué Ariadna se marcha con Dionisos y abandona a Teseo en Naxos contra todo pronóstico, posiblemente ella entendió el significado de crisis y le dió una solución verdaderamente imaginativa.

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