jueves, 19 de junio de 2014

Crisis y Sistema de Servicios Sociales

Una de las características de la BlogoTSfera, la red de blogueros del Trabajo Social, es que yendo cada uno a su aire nos seguimos y a veces interactuamos desde nuestras entradas de blog. No hace demasiado Belén Navarro (blog aquí) lo hacía con unas de mis entradas. Ahora lo voy a hacer yo con una entrada de Pedro Celimendiz (blog y entrada aquí) A lo que vamos, Pedro acaba de colgar una entrada después de su participación en las jornadas sobre Servicios Sociales Municipales organizadas por el Consejo General del Trabajo Social (web aquí). (por cierto las jornadas han sido también comentadas por otro par de blogueros asistentes: Nacho Santás y Juanma Gil) y en su entrada hace un retrato de la sensación generalizada entre los que vivimos profesionalmente en el Sistema que titula gráficamente: Servicios Sociales en la niebla. Esta entrada no entra en polémica con la de Pedro sino que reflexiona a partir del escrito de uno de mis blogueros favoritos.

Con intención de ser breve y con el riesgo de no profundizar lo suficiente, querría comenzar mi reflexión por el final, por la conclusión: El Sistema de Servicios Sociales no está en crisis. Lo que está en crisis son los conceptos y valores en los que se sustenta nuestra convivencia.

1.- Crisis
En primer lugar creo que tenemos que tener cuidado con el concepto crisis y con su banalización. No hace demasiado hablaba sobre esto en otra entrada (ver aquí). Entiendo que un sistema entra en crisis cuando ya no sirve para garantizar, conceptualmente, aquello para lo que se creó. Cuando surge una nueva construcción conceptual que soluciona mejor los problemas planteados. Desde esta perspectiva entiendo que hay que analizar lo que le sucede al sistema desde tres ámbitos: problemas internos, problemas externos, problemas conceptuales.

2.-  Problemas internos
El Sistema de Servicios Sociales, lo analizo en El cuarto pilar, sufre unos cuantos problemas en su funcionamiento: su encaje constitucional, como consecuencia de esto la inexistencia de un marco y una financiación estatal, su debilidad conceptual, la juventud de sus estructuras, su valoración social, política y mediática. En muchos de estos problemas se había avanzado en los últimos años, incluso en años de crisis, y en todos estos problemas hay posibles recorridos de mejora. En algunas Comunidades Autónomas, pese a las dificultades económicas, se sigue avanzando, con todas las dificultades que queramos, por la senda de corregir estas dificultades: Andalucía, Castilla-león y Asturias. Entiendo que estos problemas internos no provocan una situación que nos lleva a hablar de crisis, de necesidad de cambio del paradigma sino, en todo caso, de cambios para mejorar. Existen ya propuestas que caminan en esa dirección.

3 Problemas externos
Vino la crisis económica y puso las cosas más difíciles. Pero siendo este un serio problema, el verdadero problema es de decisión política, estratégico, de lo que se quiere hacer. Es inevitable ver que en la mayor parte de las instituciones gobernadas por el Partido Popular (no en todas) hay una evidente marcha atrás que no tiene que ver exclusivamente con la falta de recursos económicos (aunque estos existan). Hay una decisión estratégica, una decisión de carácter político, profundamente ideológica, basada en los principios del neoliberalismo, que llevan a una absoluta insensibilidad social: se niegan todas las evidencias de la desigualdad (se arremete, por ejemplo, contra los cálculos de Piketty, un autor al que hay que estar muy atentos, se espera la publicación de su libro en español para la vuelta de vacaciones). Desde esta perspectiva se está intentando desmontar el sistema porque el modelo de sociedad que se quiere construir es otro muy distinto y en este modelo el Estado de Bienestar, tal y como lo concebimos muchos, no tiene espacio. Entiendo que aquí si se plantea una crisis. Se plantea la necesidad de caminar hacia un modelo distinto de organización de la convivencia.

4. Problemas conceptuales
Quizá el problema es que en el debate social e incluso profesional los dos planos se mezclan. Se confunden las causas con las consecuencias. Se organiza un discurso, un relato que dice que el Sistema no funciona porque no puede funcionar, porque sus presupuestos teóricos son imposibles, porque no hay dinero para pagar todo eso y para ilustrar este punto de vista se pone de ejemplo la incapacidad del sistema para afrontar los problemas actuales, sin tener en cuenta en este análisis que esas dificultades tienen que ver con esta realidad coyuntural, con los recortes y con las consecuencias de unos presupuestos ideológicos que pretenden acabar con el Estado de Bienestar y que no responden a una lógica estructural.

El problema que más me preocupa es que desde dentro del propio sistema, ahogados y agobiados por los problemas concretos y por nuestra incapacidad para dar respuesta a la realidad arremetemos contra él. En ocasiones escucho opiniones y veo defender posturas, teóricamente progresistas, que arremeten contra el Sistema y abogan por un debate falso (ya que no son conceptos excluyentes): Trabajo Social- Servicios Sociales o Sociedad civil- Estado. Especialmente este último me parece terriblemente peligroso porque navega claramente a favor del neoliberalismo (muchas veces sin ser conscientes, otras sí)

Entiendo que no podemos aceptar una verdadera crisis del Sistema de Servicios Sociales, ni del Estado de Bienestar, desde posturas de progreso porque no hay otro paradigma que de respuesta con el mismo nivel de eficacia a los problemas de la convivencia y de la construcción de la ciudadanía. Que no encuentro otro modo de garantizar la concreción para todas las personas de los valores democráticos: libertad, igualdad y fraternidad. No hay otro sistema que garantice para tod@s (universal), una protección social que garantice la construcción de un espacio personal de libertad, que la igualdad y la fraternidad sólo se pueden construir desde un poder común, y eso es el Estado, lo miremos como lo miremos. Las soluciones exclusivamente comunitaristas fallan estrepitosamente por el lado de la igualdad y la universalidad.

Conclusiones
Creo que lo que estamos viviendo en el Sistema de Servicios Sociales son las consecuencias prácticas de un profundo debate ideológico, de una transformación de los valores en los que asentamos la convivencia. Es en este terreno en el que se desarrolla la crisis.

Creo que necesitamos deslindar los problemas en los que estamos metidos y tratar cada tipo de problema a su modo. No es tiempo para la inacción sino para la reflexión, también para la resistencia y la defensa de los derechos de ciudadanía, para el compromiso ético profesional con la mejor calidad de atención posible con las herramientas de que disponemos y, sobre todo, de construir alternativas políticas basadas en los valores democráticos.

Pero esos valores hay que volver a definirlos y delimitarlos, recuperar sus contenidos, porque en estos momentos están completamente desdibujados o, mejor aún, redibujados desde planteamientos neoliberales. Durante los últimos 30 años, sin darnos demasiada cuenta, la redefinición de los valores se nos ha ido metiendo y colando por resquicios inesperados y se cuelan en el pensamiento y las argumentaciones mucho más allá de lo que la mayoría se da cuenta.

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