sábado, 28 de junio de 2014

La condición neoliberal: de ciudadano a marca (reseña de un artículo de Michel Feher)

La revista "La maleta de Portbou" (web aquí) llega a su número 6. Ya he comentado en este  blog que la sigo con atención. Hasta el momento ha sido siempre interesante y en cada número encuentro algún artículo que me hace quedarme un buen rato pensando.

Por lo leído hasta ahora me quedo de este número con un artículo firmado por Michel Feher y que se titula "La condición neoliberal. Crédito, autoestima y vínculo" (El título es una referencia evidente al libro que se identifica con el inicio de la filosofía posmoderna, La condición posmoderna de Jean François Lyotard).

El artículo expresa que las características culturales fundamentales del neoliberalismo pasan por un cambio de paradigma en tres aspectos fundamentales de nuestra concepción cultural sobre el ser humano y nuestra sociedad (detalla más dos que son en los que me centro en esta entrada). 

El primero de estos cambios tiene que ver con el funcionamiento de la economía. El capitalismo ya no es un capitalismo competitivo, caracterizado por producir cada vez más y vender cada vez más. El capitalismo es un capitalismo financiero y lo que importa ya no es la producción ni la competitividad sino el concepto valor de la empresa. Lo que cuenta es lo que una empresa vale en bolsa y la expectativa de crecimiento de ese valor. Algo que resulta intangible, que depende de la imagen de marca, de la manipulación de la información... Hacer dinero ya no tiene que ver con invertir en una empresa productiva sino con invertir en una empresa que se cree que va a multiplicar su valor. Estamos ante el actual proceso de especulación en los mercados financieros que cebó la burbuja que estalló al inicio de la crisis actual y cuyo funcionamiento sigue más vivo que nunca. Debo reconocer que esta idea no me resultó novedosa gracias a una conversación que mantuve hace un par de años (quizá más) con Angel Sanz (mi profesor favorito de mi época de estudiante de Trabajo Social) que me abrió los ojos sobre esta característica del capitalismo actual.

La idea que me ha resultado más novedosa y que me resulta tremendamente inquietante es que en este contexto las personas ya no se mueven por el criterio de la maximización de la satisfacción, ya no se mueven por el binomio satisfacción/frustración, sino por el binomio vergüenza/autoconcepto. En este contexto las personas, los trabajadores, nos convertimos en marcas. Nuestro valor en el mercado ya no depende de nuestra capacidad de producción sino que depende de nuestro valor de marca, de la expectativa de aumento de nuestro valor en el mercado. Ya no somos mercancía sino que somos una especie de cartera de acciones y obligaciones cuyo valor depende de la mirada del otro. De lo que valemos a la vista de los otros o de lo que los otros creen que valdremos en el futuro. De ahí la obsesión por la apariencia, de ahí la continua sensación de incapacidad. El límite entre lo público y lo privado se desvanece, el vínculo entre las personas se diluye. Nuestro objetivo en la vida es ahora ser atractivos y poner a trabajar todos nuestros recursos para serlo. Algo en lo que no podemos descansar nunca.

El artículo no da recetas para salir de este ámbito pero da alguna pista, por pequeña que sea de por donde puede pasar la salida del laberinto. Por eso destaco uno de los fragmentos finales: "... apropiándonos del crédito, la autoestima y las formas públicas y privadas de vincularnos entre nosotros, podemos entrar realmente en lucha con el neoliberalismo"

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