martes, 1 de julio de 2014

Daniela Astor y la caja negra. De Marta Sanz

Debo reconocer que el libro de Marta Sanz me ha hecho bucear en mi memoria infantil y juvenil como hacía tiempo que no lo hacía. Sólo por este ejercicio me ha merecido la pena leer Daniela Astor y la caja negra.

La caja negra es un objeto curioso. La llevan los aviones, no se si otro tipo de maquinaria. Es un objeto del que una vez colocado nos olvidamos hasta que sucede algo, un accidente. Es sabido que normalmente quedan pocos testigos de un accidente aéreo y que si queda alguno no suele poder dar demasiadas explicaciones de lo sucedido. Su visión personal, su perspectiva subjetiva, no suele servir más que para hacer conjeturas. ¿No sucede lo mismo con nuestra propia memoria?

La metáfora que utiliza Marta Sanz resulta plenamente acertada.  Acudir a la caja negra de nuestra vida, de nuestra historia, puede resultar sorprendente. Comparto generación con Marta Sanz. Supongo que compartimos restos de memoria y recuerdos. Vimos los mismos programas de televisión, escuchamos conversaciones que se centraban en preocupaciones parecidas, en puntos de vista concretos que fueron dejando su huella en nosotros. Acudimos a kioscos en cuyos anaqueles se exponían las mismas portadas de revistas. Caminábamos a través de un paisaje humano relativamente similar. Toda esa experiencia está enterrada en algún sitio. Lo sorprendente de la memoria es que esta es muy mentirosa. Lo sabemos por experiencia y lo sabemos porque los neurocientíficos lo han venido a demostrar con sus experimentos. Nuestra propia perspectiva subjetiva es engañosa. Se nos han olvidado muchas cosas. Hace falta acudir a una caja negra, recuperar restos del naufragio. En ocasiones algunos objetos nos traen al presente un pasado del que no nos acordábamos y nos inunda la sorpresa ilustrada con unas cuantas palabras malsonantes. Marta Sanz juega con una parte de esa memoria subjetiva y con otra parte de esa caja negra con datos objetivos. Con su novela nos pone antes los ojos partes de una realidad olvidada que probablemente explican dónde estamos y porqué.

La novela recupera una historia personal y la entremezcla, la contrasta, con una historia colectiva. La primera ilustra la experiencia concreta, aunque generalizable, de una mujer que tenía 12 años en 1977 y de las personas que tiene alrededor, sus padres y unos vecinos con los que mantienen amistad. En la segunda recoge el guión y los diálogos de una película documental que versa fundamentalmente sobre las protagonistas del destape (Susana Estrada, María José Cantudo, Agatha Lys, Nadiuska, Victoria Vera...), un fenómeno que se produce precisamente en los mismos años en los que se desarrolla lo principal de la acción y que enmarca, de alguna manera, un hito en la evolución de la imagen pública de la mujer en nuestro país.

En esa historia, en ese esfuerzo de memoria recuperada, se encuentran los elementos olvidados de los porqués de los accidentes actuales de la protagonista, probablemente de los actuales accidentes de las mujeres (y los hombres) que estamos en esa franja de edad, que ahora tienen entre 45 y 55, quizá más, y casi seguro una buena parte de los accidentes que hoy nos están pasando con algunas vueltas atrás en algunos de los temas que se abrieron en esos años, que creíamos cerrados y que hoy vuelven a abrirse, en concreto el tema del aborto.

Os recomiendo la lectura de esta novela. Es literatura de la buena. Desde que leí Intemperie, hace ya unos meses, no había leído ninguna obra de narrativa actual que me haya gustado tanto. Me parece uno de las mejores novelas españolas del último año. Por cierto, Cálamo acertó claramente al concederle el premio otras miradas 2013.

1 comentario:

  1. Tenemos la novela en casa, dedicada por Marta Sanz en la Feria del Libro del 2013. Pero en casa hay lista de espera (de libros para leer, ojo) pero voy a adelantarla unos cuantos puestos para leerla este verano. Gracias por el consejo, Joaquín.

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