jueves, 1 de noviembre de 2012

¡Viva la ficción!

La realidad imita a la ficción o es al revés.
Ya se que es una frase más que manida: La realidad supera toda ficción. 

Nos refugiamos en la ficción porque esta suele ser menos incierta, más segura, bueno no se si más segura, lo seguro es que podemos hacer como que vivimos otras vidas sin riesgos y eso tiene sus ventajas.

La idea de que la ficción y la realidad están más entrelazadas en nuestra vida de lo que nos parece me alborota por la cabeza desde hace algún tiempo. El caso es que ando escribiendo algo más que este blog y va en parte de esto, algo que no sé si verá la luz, un ensayo que a veces me parece una novela. Cuanto más lo reflexiono más me parece que la literatura tiene mucho que ver con la realidad, mucho más de lo que estamos dispuestos a conceder, o al menos de lo que yo estaba dispuesto a conceder hace unos meses, unos meses que parecen años. Será que necesito refugiarme cada vez más en la ficción para escapar de esta realidad que ni en la peor de mis pesadillas podría haber imaginado. No en vano no hago más que comentar frases que hacen de nuestra realidad una obra literaria al gusto de los privilegiados. Nos ponen hasta las historietas que nos tenemos que creer para hacernos tragar que vamos en el mismo barco (esta última imágen me la ha soplado un amigo y le dedicaré alguna de las próximas entradas del blog, que vamos en el mismo barco, vamos para esco______ de la risa) Como diría Serrat "entre esos tipos y yo hay algo personal..."

Por eso me siento en la obligación de compartir con vosotr@s, especialmente con los que seguís este blog, las novelas que leo y que me gustan. Las que no me gustan o abandono en las primeras cincuenta páginas nos las comento, para qué, bastante críticas negativas hay en el mundo como para añadir yo alguna más. Por otro lado mi criterio no creo que sea el canon a seguir, pero como suelo largarme con unos tochos de agárrate que hay curvas me siento en la obligación, que exigen las amistades internéticas, de compartir algo más ligero para compensar tanta sesudez.

A lo que voy. Acabo de acabar de leer dos novelas, muy distintas pero muy parecidas. Dos protagonistas masculinos, los dos cerca  de la cincuentena (¿Me veré retratado?) (¿Será que los autores, también chicos, son casi quintos míos?) (A ver si me han gustado por un ejercicio endogámicamente generacional. ¡Diablos y centellas! ¡Me lo tendré que hacer mirar!) 

Bien esos dos protagonistas, cada uno en su novela, pertenecen a mundos relativamente acomodados, uno más y otro menos, y los dos realizan un encuentro con los márgenes de la sociedad, uno más y otro menos, un encuentro que les pone en relación con otras reglas de juego que ponen en cuestión la mentira de lo que vivimos, y que les cambia definitivamente la vida, para bien o para mal.

Los profesionales de los servicios sociales, cuando comenzamos a trabajar, nos acercamos a estos mundos en nuestro trabajo diario provistos de las corazas de las que nos provee nuestra formación, y muy probablemente con la ilusión propia de la vocación de ayuda a los demás, una vocación a menudo sana, en ocasiones contaminada de prejuicios. Las dos cosas se equilibran al principio. Sin embargo, a menudo la vida profesional nos endurece, nos aleja de los ciudadanos y de la realidad en la que pretendemos intervenir. Con el tiempo nos cuesta acercarnos y simpatizar con las personas a las que atendemos. Por eso me encanta cuando oigo a las compañeras (no porque no haya chicos sino porque las chicas sois mayoría aplastante) hablar con emoción y cariño de las personas con las que trabajan. ¡Olé por vosotras que me recordáis porqué escogí ser trabajador social!

Bueno a las novelas. Las dos se presentaron en Zaragoza de la mano de la librería Cálamo (los que léeis el blog con asiduidad ya sabéis que son mis libreros de cabecera, por cierto no me pagan comisión ni nada por el estilo)

La primera es la de un autor joven (me encanta decir joven de alguien un año mayor que yo) pero más que consagrado. Javier Cercas (wikipedia aquí, página personal aquí) ha escrito una novela estupenda que me tuvo agarrado a mi sofá favorito algunas horas nocturnas que robé al sueño y aproveché del insomnio. Las leyes de la frontera (editorial Mondadori) trata de un chico que cruza la frontera social entre el barrio obrero y la pura marginalidad en la Gerona de los primeros años de la democracia. En ese cruce se enfrenta a sí mismo y a la vida y sale cambiado.

La novela está dividida en dos espacios temporales bien diversos y recupera la historia de los delincuentes juveniles de mi juventud, de los quinquis, de los comienzos de la droga, de la cárcel y su capacidad de rehabilitar (o no)...

La segunda novela es de un paisano y tocayo, Joaquín Berges, (wikipedia aquí) este un par de años más jóven (va a ser que lo de la edad me obsesiona más de lo que debería). Debo reconocer que no lo habría conocido de no haber ido a la presentación del libro. Una de las cosas que me atrajo fue el título Un estado del malestar (Editorial Tusquets) ¿Cómo no me iba a interesar el título si no hago más que hablar del Estado de Bienestar?

La novela no habla tanto de esto sino del malestar que sentimos en nuestro pellejo, en nuestras vidas acomodadas (si es que lo estamos y las tenemos) en esta estafa que nos hemos hecho a nosotros mismos acomodándonos y renunciando a buena parte de nuestras autopromesas juveniles. También el protagonista de la novela atraviesa la raya de las diferencias sociales, en este caso encuentra un mundo más humano al otro lado entre los personajes de uno de esos mercadillos callejeros. En el se encuentra con unos personajes a los que considera más auténticos que los de su propia vida y que le recuerdan o le interrogan sobre quien es él.

¿Quienes somos? ¿Por qué escogimos trabajar en una profesión vinculada con los servicios sociales? Tal vez una novela nos lleve, a través de la ficción, a interrogarnos sobre la realidad que vivimos cada día. No creo que sea esa, o sólamente esa, la intencionalidad de los autores, pero para eso estamos los lectores, para hacer lo que nos de la gana con los libros que leemos. Creo que en eso estarán de acuerdo los autores, al menos dentro de un orden.



1 comentario:

  1. ¡Brillante entrada Joaquín! Leeré el libro de tu paisano, me has despertado el interés...

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