viernes, 9 de noviembre de 2012

La pobreza se hereda. ¿Alguien lo dudaba?

Titular de una noticia en el diario El País: Sólo el 7% de los criados en hogares con escasez logra una vida holgada. (noticia aquí)

El contenido de la noticia reproduce un informe publicado en la página web del INE de la encuesta de condiciones de vida: transmisión intergeneracional de la pobreza y el bienestar 2011.

Este resumen comienza con tres datos demoledores:

- La tasa de riesgo de pobreza de los adultos cuyo padre sólo tenía educación secundaria de primera etapa o inferior es del 21,3%. Esta tasa baja al 10,7% si el padre tenía educación superior.

- De los adultos que vivían en hogares que llegaban a fin de mes con dificultad cuando eran adolescentes, el 23,4% se encuentra en la actualidad en situación de desahogo.

- De los adultos que vivían en hogares que llegaban a fin de mes con facilidad cuando eran adolescentes, el 13,5% se encuentra en la actualidad en riesgo de pobreza.

Bien, está claro, la leyenda a la que me refiero en la entrada anterior y que habla de que cada uno puede llegar dónde se lo proponga socialmente es eso: una patraña. La igualdad de oportunidades no existe. No existe siquiera en EE.UU. Vuelvo a recomendar la lectura del último libro del premio nobel de economía Joseph Stiglitz: El precio de la desigualdad. Un texto en el que el autor gasta un buen número de páginas en demostrar que su país ya no es el de las oportunidades. Las nuevas reglas del juego impuestas por el 1% de privilegiados del mundo y por las grandes corporaciones impiden cualquier movilidad social más allá de la mera anécdota, a la vez que el conjunto de la población, clase media incluída, comienza a deslizarse por el tobogán del deterioro de las condiciones de vida.

Debemos recuperar otros conceptos de igualdad distintos. Algo más parecido a la igualdad de posiciones de las que habla Dubet (entrada aquí) La izquierda debe volver a poner su centro en el valor de la igualdad, pero una igualdad real. Acabo de comenzar a leer un libro sobre este asunto que promete y mucho, se trata de Pierre Rosanvallon La sociedad de los iguales que acaba de publicar RBA. Si algun@ os animáis a leerlo y comentarlo ...

Si clicas vas al informe

Por cierto ante la denuncia de la elevada pobreza y la situacion desesperada de miles de familias que venimos haciendo la Marea Naranja ha comenzado a reanimarse la narrativa ultraliberal consistente en acusar a los "pobres" que perciben prestaciones sociales de defraudadores. Nuevamente la maquina del fango (entrada aquí). Es curioso cómo se persigue el "fraude" de los perceptores de prestaciones sociales mientras se perdona el fraude de los evasores fiscales. Nuevamente la ley del embudo: "lo ancho pa´mi, lo estrecho pá ti" El problema es que la narrativa cala y la gente que padece dificultades se vuelve contra los que están peor que ellos y no contra los que están verdaderamente bien. Cosas de la literatura en la que vivimos.

Nuestra narrativa, insisto sobre ello, se tiene que basar en la necesaria dignidad común a la que todos tenemos derecho. Sólo en una verdadera comunidad, con unos mínimos de igualdad real, podemos conseguir construir nuestros proyectos vitales. 

En estos últimos años hemos conseguido una democracia política relativamente sana. De hecho las enormes críticas a la actual situación política que inunda internet y las calles es una muestra de que la sociedad demanda otra democracia más real. El problema es que a la vez  estamos perdiendo nuestra democracia social, y sin esa vamos camino de la servidumbre, en realidad de la esclavitud tal y como la entendían los intelectuales que estuvieron detrás de las revoluciones del siglo XVIII. 

El actual estado de cosas, la salvación de la banca y la gran empresa y el abandono a su suerte del común de los ciudadanos socaba nuestra democracia y nos reducen al común, a una situación de esclavitud. De hecho tenemos que trabajar y sufrir todos para pagar la deuda que han creado los ricos, para engordar sus bolsillos. Lo bueno del asunto es que nos lo quieren hacer colar como consecuencia de nuestra mala cabeza y de nuestros propios actos.

La actual concepción de igualdad nos reduce a la condición de "platanitos" del siglo XXI. El platanito fue un novillero que reclamaba continuamente una oportunidad para convertirse en torero y que intentó conseguirlo ,como podía, realizando toda clase de suertes extrañas, en una España en la que el toreo era casi la única posibilidad de salir de la miseria hacia el top social jugándose la vida en los ruedos ibéricos). Con este concepto de igualdad tenemos tantas oportunidades como el "platanito" de conseguir una verdadera igualdad, por eso queremos justicia social.

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