jueves, 11 de abril de 2013

TRIBUNA Teresa Zamanillo. La ética del malestar se queda sin voz.


En estos días estamos de luto. José Luis Sampedro, esa referencia ética que a tantos nos ilumina, falleció el pasado lunes. La ventaja de las personas como Sampedro es que su huella queda en nuestra memoria y en sus obras. Teresa Zamanillo, a la que agradezco su partiipación activa en este blog, me ha enviado el texto que inserto a continuación. Un sentido homenaje al maestro.

LA ÉTICA DEL MALESTAR SE QUEDA SIN VOZ.

Así titula hoy, día 10 de abril de 2013, El País, uno de los artículos dedicados al Profesor Sampedro. Y es que José Luis Sampedro es doble noticia para el trabajo social hoy y siempre. Siempre, por dos razones importantes: la primera porque en 1991 prologó el libro Para comprender el trabajo social de Teresa Zamanillo y Lourdes Gaitán; y la segunda porque en el año 2012 se le concedió el Premio Nacional de Trabajo Social por el Consejo General de trabajadores sociales por su actividad en los movimientos sociales, junto a Iñaki Gabilondo (Comunicación) y Natividad de la Red (Trabajo social).Hoy, porque acaba de morir un sabio y van quedando pocos. Le escribía a Lourdes esta mañana que quizás se había instalado en algún lugar de mi cerebro que los sabios nunca mueren. Sí se mueren, pero hoy más que nunca no hemos de dejar que muera José Luis en nuestro corazón. Además, como se dice en el título, fue la voz del malestar y si el trabajo social tiene algo que hacer antes y ahora es resistirse al malestar social, al sufrimiento y al dolor, que está causando un régimen político salvaje.

La amistad que me unió a él durante varios años hace que no pueda pasar un día más sin dedicarle estas palabras. Porque conocí muy de cerca al que llamábamos Profesor, con mayúscula, los que comenzamos nuestra formación universitaria en los años sesenta en las aulas de San Bernardo, y al que se convirtió con el paso del tiempo en el maestro incontestable y respetado de todas las plataformas sociales. Afortunadamente, ayer, cuando me enteré por la página de inicio de la UCM, dando la clase a las/os alumnas/os del máster -mis lágrimas me traicionaron en el descanso-, todas le conocían. No fue así en el año de la guerra de Irak que recuerdo haberle citado una vez y me protestaron los alumnos porque “traía a las clases nombres de personas desconocidas”.

En 1998 en una entrevista realizada por Beatriz Navarro le dijo: “Cuando me preguntan cómo me gustaría que se me recordara yo siempre digo que como una buena persona.” Y a la pregunta de si no se opone la bondad a la inteligencia responde: “Yo no desprecio la inteligencia, la razón o la técnica, pero hay que ocuparse de otras cosas también”. Mas, en él, inteligencia y bondad no se opusieron nunca, por eso peleó hasta el final con la palabra, por eso comprometió su voz. Estas fueron las dos características que hicieron reunir en su persona la gran generosidad que tuvo.

Hoy hemos de terminar diciendo: gracias maestro por haber durado tanto.

Teresa Zamanillo

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