La resistencia del Coyote
La semana pasado resultó bastante dura, bueno, muy dura, para que andarse con paños calientes: la aprobación de la Refoma de la Administración Local, el recochineo de que llega el dinero para todo, los datos de la pobreza y la desigualdad y muchas cosas más que no viene al caso detallar.
Pedro Celiméndiz, en su blog, se dejaba de conversaciones con Wang, el chino que se pasea por los Servicios Sociales, y directamente publicó una entrada con el título "Malditos" (aquí) en la que expresaba lo que le salía de las entrañas por la situación que estamos atravesando. Como parece que tenemos las entrañas sensibles más o menos de la misma manera, rápidamente la enlacé en la página de este blog en facebook.
Lo cierto es que comparto en no pocas ocasiones ese sentimiento de derrota (y eso que me suelen decir que peco de optimista) Por eso algún que otro amigo me hizo llegar mensajes de alarma, y me expresaba que si nosotros nos desanimábamos...
En estas estaba, preguntándome si me podía dejar llevar por el desaliento, que debería ser considerado algo así como un derecho humano de quinta generación aunque fuera limitado en el tiempo, cuando se produjo uno de esos encajes de piezas inesperados. Estaba leyendo el último libro, póstumo en este caso, de Felix Romeo, Por qué escribo, un recopilatorio de los artículos de prensa, prólogos y otras piezas de carácter más personal (para los que no lo conozccáis Romeo era un autor zaragozano, de mi barrio por más señas, de mi misma generación, poco más o menos, algo más jóven, al que por desgracia no llegué ni a conocer, ni a leer hasta ahora) y surgió la idea.

Pero al mismo tiempo aprendimos, que el Coyote, al que el Correcaminos "puteaba" una y otra vez, siempre era capaz de sobreponerse a todos los contratiempos, y era capaz de inflarse tras ser aplastado por la apisonadora, o de regenerarse cuando quedaba chamuscado por una de esas bombas que indefectiblemente eran siempre de marca ACME.
Esa serie de dibujos nos enseñó que mucho más a menudo de lo que queremos no conseguimos nuestros objetivos, en el fondo, si queremos verlo así, que las utopias son inalcanzables; pero a la vez nos nos enseñó a ser inasequibles al desaliento, a levantarse cada una de las veces en las que puede parecer que todo está perdido.
Por otro lado tampoco está claro que las utopías sean inalcanzables, algunas veces se consiguen, por eso os dejo aquí un capítulo de las aventuras del Correcaminos en el que, por fín, el Coyote se come al Correcaminos. Debo reconocer que por otro lado resulta desasosegante, será que una vez alcanzada la utopia no quedaría nada por lo que pelear.
Lo más increíble de todo, Joaquín, es que en realidad el Coyote es casi tan rápido como el Correcaminos...
ResponderEliminarEs decir, a veces se nos ha mostrado una mentira como "verdad verdadera", y nosotros caemos como los ingenuos que somos... hasta que viene alguien como tú o como Pedro y nos mostrais la realidad, por cruda que sea...
Gracias por tu entrada, me encanta!
Vaya recuerdos. Me quedo con tu frase: levantarnos cada vez que pueda parecer que está todo perdido. Un abrazo.
ResponderEliminarSeamos todos un poco Coyotes. Me quedo como Pedro con la idea: no abandonemos, podemos darle la vuelta y buscar otra solución.
ResponderEliminarHola Joaquin,
ResponderEliminarhe visto en twitter que aconsejas el texto magnifico de Paco Ortega ( blog el ojo de cain ) sobre Limonov de Emmanuel Carrère.
Pienso que te interesara este site sobre el verdadero Edouard Limonov :
www.tout-sur-limonov.fr
ya veras, en en francés, pero hay varias paginas en español, con mucha informacion inedita, y videos que solo se encuentran en el web utilizando el alfabeto cirilico
Gracias Dominique, la consultaré.
Eliminar