jueves, 31 de octubre de 2013

¡Qué pena más grande vivir en los prefijos!

Siempre que oigo el nombre del poeta Pedro Salinas me viene a la mente un verso, no se muy bién por qué. Lo cierto es que me viene no sólo cuando escucho el nombre del poeta, sino que me viene más a menudo. como sin quererlo, como por casualidad; digamos que se quedó atascado en alguna sinopsis neuronal. Es un verso de amor, en un poema de amor, en un libro de poemas de amor. De La voz a tí debida,  ¡Qué alegría más grande vivir en los pronombres!

Lo cierto es que lo que quiero comentar en esta entrada de blog tiene poco que ver con este verso ni con Salinas o, tal vez, tenga mucho, mucho más de lo que parece porque de amor trata, en el fondo, aunque no de amor "romántico", lo que a continuación desgranaré.

El domingo pasado fuí a comprar la prensa. Sixto, que así se llama mi kiosquero, es un tipo estupendo. A menudo hablamos de lo divino y lo humano. Es una conversación apresurada que los días de hacienda permite algunas alegrías mayores ya que los fines de semana se detiene continuamente por el trajín de una clientela ávida de noticias

El domingo pasado Sixto me saludó con el habitual ¿Cómo te va? Para intentar ser original y no contestar lo de siempre o lo manido, se me ocurrió jugar con el lenguaje y queriendo decir sobreviviendo de una forma distinta, juguetona, me dió por decir superviviendo, y ahí vino la sonrísa y aún la risa y el darme/darnos cuenta de que en este caso sobre y súper, forma culta y popular del mismo derivado latino, no son, en absoluto, intercambiables como prefijos de vivir. ¡Qué se lo digan a los que sobreviven y a los que súper viven!

Lo cierto es que esta curiosidad lingüística venía al pelo para ilustrar la característica fundamental de la actual sociedad española. Lo digo, lo repito y no me canso, esta vez en versión "prefijada": mientras unos súper viven, cada vez más, otros sobreviven, cada vez más. Eso es lo único que tienen en común. los unos y los otros son cada vez más, sólo que unos más ricos y otros más pòbres. Los "súper" cada vez son más súper-mega-híper y los "sobre", cada vez reciben menos sobres, salvo que estos contengan facturas impagables, y no precisamente por su valor artístico.

Es verdad que, a veces, "súper" y "sobre" intercambian su valor y mientras los "súper" reciben sobres que les hacen sentirse súper bien, los "sobre" intentan sobreponerse con ayudas de urgencia que gastan en los "Super".

Al final será, que el valor de sobre y súper no tiene que ver con la palabra a la que acompañan sino con lo gorda que tengas la cartera. El problema de súper y sobre, en realidad, es que en vez de sentir alegría de vivir en los pronombres, en vez de querernos como sociedad, como personas con derechos humanos, como iguales y como hermanos, nos dedicamos a correr en una carrera despiadada en la que el que llega se cree súper porque ha pasado sobre los otros.

En fín: ¡Qué pena más grande vivir en los prefijos!

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