lunes, 28 de noviembre de 2011

Cuidado con las frases tóxicas que atacan al Estado de Bienestar. La lengua del Tercer Reich de Victor Klemperer

El análisis del lenguaje es una clave para entender la realidad
En las últimas semanas he ido recogiendo frases que más me han llamado la atención en medio del debate político en torno a la crisis económica. Si has leído otras entradas del blog ya te habrás dado cuenta de que me gusta el lenguaje. Desde siempre me ha inquietado la relación entre el lenguaje y nuestra forma de conocer la realidad. Parto de la idea, compartida por diferentes filólogos, de que el lenguaje no es neutro y que transmite cosmovisiones.

Fruto de esa inquietud es la relativamente elevada cantidad de entradas del blog en las que he tratado el tema. Por eso he recogido frases que me han inquietado. Las de Pedro Schwartz en la entrada Robin Hood era un canalla. O he recogido el libro de José Maria Izquierdo con las 1.000 frases más feroces de la derecha de la caverna.

Y por eso me he dedicado también a citar a filólogos que han estudiado la relación entre conocimiento, comprensión de la realidad y lenguaje como George Lakoff en No pienses en un elefante.

Victor Klemperer.
Uno de los antecedentes más claros de esta manera de entender el lenguaje es un clásico de la filología. Victor Klemperer (si clicas sobre el nombre vas al enlace de la wikipedia en español). Un catedrático de filología alemán, de origen judío, que sufrió y sobrevivió al holocausto nazi por una serie de circunstancias personales azarosas. Recogió sus vivencias en unos diarios que abarcan todo el periodo de poder totalitario desde 1933 hasta 1945. Esos diarios son un testimonio ineludible para quien quiere conocer cómo fue la vida cotidiana de un judío bajo el poder de la Alemania nazi. Se puede leer el proceso por el que  el poder  nazi se fue haciendo cada vez más  ominoso, cómo se establecía poco a poco y cómo se filtraba cada vez más hasta los rincones más recónditos de la vida privada y pública.  Corrió gran riesgo al escribirlos y las personas que lo iban escondiendo también.

Para lo que nos interesa en la entrada cabe señalar que en el mismo diario y en otros escritos aparte, recogía notas sobre el lenguaje nazi. Trabajaba ya entonces pensando en lo que luego ha sido una de sus obras más universales: La lengua del Tercer Reich. En medio del horror y del miedo pensaba en la importancia de analizar cómo el lenguaje podía influir en la conciencia de las personas hasta introducirlas de lleno en una determinada cosmovisión en la que se acababa percibiendo a los considerados distintos: judíos, gitanos, etc como algo menos que animales, como seres inferiores que no eran merecedores del mínimo sentimiento de empatía.
Portada de una de las ediciones en español
de La Lengua del Tercer Reich.

“¿Cuál era el medio de propaganda más potente del hitlerismo’ ¿Eran los discursos individuales de Hitler y de Goebels…? Por supuesto que no…No, el efecto más potente no lo conseguían ni los discursos, ni los artículos, ni las octavillas, ni los carteles, ni las banderas, no lo conseguía nada que se captase mediante el pensamiento o el sentimiento conscientes.
El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente” 
Considero que este libro, bién leído es una fuente de inspiración para estar atentos ante las actuales formas de dominación por el lenguaje. De hecho creo que interesa detenerse atentamente ante las frases que se repite mucho en los discursos de los políticos. Y sobre todo en aquellas que aparentemente pasan relativamente desapercibidas. No estoy hablando de eslóganes de campaña, sino de frases que se repiten con la misma fórmula o con otras parecidas.

Las propuestas neoconservadoras y neoliberales se están lanzando con fuerza sobre occidente desde hace más de treinta años con una fuerza cada vez mayor. Y a menudo no nos damos cuenta de qué está pasando, Incluso nos tragamos las grageas sin reparar mucho en lo que estamos haciendo. El  método ha sido analizado por el anteriormente citado George Lakoff del que ya he señalado anteriormente una entrada dedicada a uno de sus libros.

De acuerdo con Lakoff los discursos neoconservadores tienen éxito, entre otras cosas, porque están enmarcados en una serie de historias que nos resultan creibles. Utilizan las metáforas para hacernos participar en una forma de entender la realidad determinada. Le hablan a nuestro yo no consciente, a nuestros sentimientos, y quedamos atrapados por la fuerza de estas metáforas. Esos relatos se encuadran dentro de marcos conceptuales determinados, ideológicamente determinados.

Me voy a centrar en dos frases que hemos oído y que apuesto a que vamos a seguir oyendo para justificar el hecho de que hay que desmontar las estructuras del Estado de Bienestar. Son las siguientes:

  • No puede haber de todo, para todos y gratis.
  • No se puede gastar lo que no se ingresa.
Las dos frases tienen algo en común, leídas así son ciertas, o parecen ciertas. Es verdad que no puede haber de todo, para todos y gratis. Y es verdad que no se puede gastar lo que no se tiene, o lo que no se ingresa. Son como las verdades del carbonero. Son las verdades de la administración doméstica de toda la vida, de los padres y madres que se esfuerzan por sacar a la familia adelante. Son valores universales y matemáticas simples: dos y dos son cuatro. Evidente. Con esto está todo el mundo de acuerdo. Es verdad, no hay duda.

Pero por otro lado están en negativo. Están planteando una idea: no se puede despilfarrar. El relato es: NO SE PUEDE DESPILFARRAR. Si el dinero que se despilfarra es propio se está cometiendo un "pecado" contra los tuyos. Si el dinero que se despilfarra es público: Se está robando y atentando contra el interés general. Le estás quitando el dinero a la gente para tirarlo por la ventana. Es una vergüenza.

El relato se basa en el despilfarro y lo da por hecho. Y de ahí se comienza a justificar que todo gasto públco es un despilfarro. El Estado de Bienestar es un despilfarro, es un robo, es una vergüenza que nos quiten dinero de los impuestos para dárselo a los vagos... (ver la entrada sobre las mil frases más feroces de la derecha de la caverna, hay frases de este tipo menos comedidas que las aquí comentadas, pero dentro de la misma lógica)

Pero son frases absolutamente mentirosas. Sencillamente no es  verdad que haya habido de todo, para todos y gratis. Piénselo bien. ¿Usted ha tenido de todo, y gratis?...A que no. Tenemos unas prestaciones sociales escasísimas, muy por debajo de la media europea, y muy por debajo de los paises socialmente más desarrollados. Y si lo piensa bién, en el único sitio que en los tiempos de bonanza ha habido de  todo y para todos (y parecía que era gratis) era en los créditos concedidos por la banca. No en las prestaciones del Estado. Que incluso alcanzó un superavit.

Debajo de esta frase también se esconde, subrepticiamente, un ataque a las prestaciones concedidas a los más desfavorecidos. Se está dando de todo y gratis (a todos: todos es todos, también a esos: gitanos, inmigrantes, vagos. Esos que no son como yo). Se está intentando activar el botón de off de la empatía (ver entrada sobre la empatía) . Se tiene que conseguir que se vea a determinados grupos como los culpables de la crisis, o al menos del despilfarro del Estado. Por sólo dar un dato. El pago de las prestaciones en materia de rentas básicas viene a alcanzar algo así como el equivalente al pago de una ronda de cervezas con los amigos el fin de semana por habitante y año (sin tapa (en los lugares que la tapa se paga aparte) No creo que nos vayamos a arruinar con ello.

Pero lo de que no se puede gastar lo que no se ingresa es de traca. Precisamente si se lleva esta frase hasta sus últimas consecuencias los bancos tendrían que cerrar ya que ese es su negocio. El sistema capitalista fenecería en una semana (se basa en el  crédito) Finalizaría la actual especulación financiera, que se basa en el  crédito e incluso se hace a crédito. Y a poco que recuerden era precisamente eso lo que estimulaban continuamente los bancos. Y si eres buen pagador todavía estimulan. A mí me siguen llegando ofertas de bancos y financieras ofreciéndome que utilice líneas de créditos para comprar (con unos intereses absolutamente leoninos) Pero pretenden, como pretendían en lo mejor de la bonanza, que no me corte, que no espere a tener lo que deseo, que lo disfrute ya y lo pague mañana. Recuerdan esas frases. No las lanzaba el Estado, ni el Estado de Bienestar. Y en cuanto se recupere algo la economía, si es que alguna vez se recupera tal y como lo hemos conocido, nos lo volverán a lanzar.

Esas frases se pueden aplicar mejor a la forma en la que ha actuado y actua el mercado y sin embargo se le aplican sin contemplaciones a lo que hace el Estado y especialmente a lo que hace el Estado de Bienestar. ¿No les resulta sospechoso? A mí sí.

No debemos tragarnos estas píldoras tóxicas.

Si quieres conocer algo más sobre este tipo de análisis (mejor hechos y más extensos y manejas algo de inglés, te recomiendo la página web de Lakoff que puedes enlazar clicando la imagen de abajo)






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